Testimonio…

Documentos para la historia

La transcripción de este documento nos permite ser testigos de como fueron los últimos días de la vida de Francisco I. Madero; días contados a  través de los ojos del Ministro de la República de Cuba.

Declaración al “New York Herald” hecha por el Ministro de la República de Cuba en México, Sr. D. Manuel Márquez Sterling. [1]

“Hacía precisamente veintinueve días de haber presentado mis credenciales al Presidente Madero, cuando estalló la revuelta en la ciudad de México. No referiré las trágicas escenas que acaecieron durante la lucha en la ciudad, desde el nueve de febrero  hasta la ruina del gobierno, por ser ya bien conocidas por todo el mundo: referiré tan solo la caída del señor Madero, después de diez días de lucha aterradora, durante los cuales, automóviles de diversas legaciones cruzaron constantemente las calles de la ciudad.

Prisión del presidente y su gabinete

“En la mañana del 18 de febrero en conferencia que tuve con el Secretario de Relaciones Exteriores, Sr. D. Pedro Lascurian, me aseguró este señor que por la tarde recibiría un golpe decisivo la revuelta y que la ciudad volvería a manos del gobierno; y precisamente a las dos de la tarde recibí la noticia de que el general Bianquet había hecho prisioneros al Presidente y a su Gabinete. Poco después fuimos citados a la Embajada Americana por Mr. Henry lane Wilson e informados de este acontecimiento extraordinario.

“El general Blanquet verificó tal arresto por orden del general Huerta y,  a consecuencia de esto, cesó el tiroteo  en las calles. En la noche los ministros de Chile, Brasil y yo visitamos la Embajada Americana en busca de ulteriores novedades. Encontramos allí  al general Huerta y al general Félix Díaz, quienes por varios días, habían luchado en las calles de México; con ellos estaban otras personas como el actual Ministro de Justicia, Lic. Rodolfo Reyes. Reyes leyó entonces en voz alta y en nuestra presencia, un documento en el cual ambos generales convenían en la cesación de las hostilidades. Huerta y Díaz firmaron después este documento, abrazándose luego, mientras aplaudían a sus compañeros; los diplomáticos no aplaudieron, permaneciendo testigos mudos en una escena para nosotros inexplicable.

“El 19 en la mañana salí de la Legación Cubana y recorrí  diversas calles para darme cuenta del sentimiento popular, oí discutir la muerte de Gustavo Madero, cuya prisión conocía ya, diciéndose que había sido asesinado  en la ciudadela y que en la tarde, Huerta ejecutaría al presidente mismo. También se decía que el Vicepresidente Pino Suárez había logrado escapar.

“Mientras escuchaba todo esto, un distinguido caballero mexicano, cuyo nombre no diré, detúvome y me dijo: voz y los miembros del Cuerpo Diplomático son los únicos que pueden salvar a Madero.

Pide ayuda al señor Wilson

“Al volver a la Legación, esta idea se había apoderado  de mí ánimo y, con tal propósito envié  luego una nota al Embajador Americano, comunicándosela y proponiéndole que el Cuerpo Diplomático tomase el asunto a su cargo. En nombre de mi gobierno ofrecí  los servicios del crucero “Cuba” (que algunos días antes había pedido a mi gobierno y que se hallaba anclado en Veracruz) para salvarles del peligro, llevándolos fuera del país caso de conseguirse su libertad. Fui enseguida a la Legación Japonesa a ver a los padres del Presidente, quienes habían oído decir la muerte de su hijo Gustavo, y a lo que no daban crédito. Me suplicaron por lo tanto, acudir a Mr. Wilson y rogarle nos ayudase cerca del general Huerta para salvar la vida de sus dos hijos. El Encargado de Negocios de la Legación Japonesa, me acompañó a la Embajada Americana, e hicimos presente al Embajador nuestro propósito.

“Encontramos allí al Ministro Español y él y yo convenimos en que la situación era más grave de lo que nos suponíamos, determinamos en consecuencia acudir nosotros mismos  al general Huerta y pedirle la vida de los prisioneros. Fuimos en mi automóvil, ondeando la bandera de Cuba, pero no pudimos ver a Huerta; nos recibió en su lugar el general Blanquet, quien nos trató con mucha cortesía, asegurándonos que se respetarían las vidas de los prisioneros y mientras eso pasaba  llegó el Ministro de Chile, quien nos dijo que Madero había consentido en renunciar como presidente de la República, y que habían sido puestos en libertad los Secretarios de Estado y otras personas que habían sido hechas prisioneros con Madero y Pino Suárez.

Madero firma Renuncia

“En La mañana del 19, sin embargo, un representante de Huerta urgía a Madero  que hiciese su renuncia, Madero contestó a este enviado que estaba ya resuelto a renunciar, si el que había ocupado su lugar, gobernaba conforme a la Constitución. Mientras se dilucidaba esto, el señor Lascurain fue a ver a Madero, como mediador, a quien expresó Madero las condiciones  bajo las cual renunciaría; Lascurain en nombre de Huerta, aceptó. Estas condiciones fueron de que la renuncia fuese entregada al ministro de Chile, quien la retendría en su poder, hasta que Madero y Pino Suárez estuviesen en salvo a bordo del “Cuba” en Veracruz. Madero estipuló también que en el viaje a Veracruz, les acompañásemos el Encargado de Negocios del Japón y yo; insistiendo principalmente Madero en que, antes de entregar la renuncia al Congreso, firmase una carta Huerta comprometiéndose a cumplirlas. “Esa misma tarde firmó su renuncia Madero; más como estuviese presente Lascurain, cedió  a indicación suya de que el asunto se ventilase entre mexicanos, entregándole a él (Lascurain) la renuncia en lugar de hacerlo al Ministro de Chile. Se estipuló entonces que a las diez de la noche Madero y Pino Suárez saldrían para Veracruz en un tren especial, en unión de sus familias, acompañados por mí y por un oficial de la Legación Japonesa y escoltados por una poderosa guardia.

“Habiéndose comunicado este convenio  en la Oficina del general Blanquet, subí al Departamento del general Huerta para verlo, pero se me informó que estaba dormido. Volví luego a la Oficina del general Blanquet, donde me espera  los ministros de Chile y de España. Pedimos luego permiso para ver a Madero, permiso que se nos concedió inmediatamente, yendo a las cuatro primeras piezas en que se hallaba confinado el finado.

El Presidente bajo fuerte custodia

“Madero me expresó calurosamente su gratitud, suplicándole lo acompañase a Veracruz, a lo que accedí gustoso.

Reserva sobre la muerte de su hermano

“Cuando estéis listos, nos dijo venid a Palacio para irnos a la estación. Si vinieseis a las ocho  que bueno sería, pero de todos modos yo os esperaré hasta las diez de la noche.

“Salí entonces inmediatamente fui a telegrafiar al comandante del “Cuba” que nos esperase listo a zarpar de Veracruz y que dispusiera la necesario  para recibir a bordo a los Jefes del Gobierno y a sus familias.

“A las ocho de la noche estuve puntual en Palacio haciéndole presentar al general Blanquet mi propósito.

Ordenó él a uno de sus ayudantes que me acompañase; las cuatro piezas ocupadas por Madero y Pino Suárez estaban contiguas: La puerta de una de las piezas daba al patio y a su entrada había muchos soldados y oficiales; también había centinelas  que, según supe, se remudaban a cada momento. El general Angeles, uno de los oficiales favoritos de Madero, estaba también prisionero en estas piezas. Ernesto Madero se encontraba allí de visita a ver a su sobrino.

“Al recibirnos afectuosamente Madero, me preguntó  si sabía algo de su hermano Gustavo; como se ve ignoraba que se hubiese muerto. Yo evadi la pregunta de la manera mejor que pude.

“Derepente (sic.) preguntó Madero sobre la carta que debía de dar Huerta; ninguno de nosotros la tenía y entonces Ernesto Madero dijo que él iría a conseguirla de Huerta. Casi inmediatamente volvió sin ella, pero con la noticia de que Lascurain había ido a presentar al Congreso la renuncia de Madero.

 Pierde la esperanza Madero

“Al saber esto Madero se puso exitadísimo, y desde estos momentos perdió toda esperanza de salvación.

He caído en una trampa por segunda vez, dijo indicándole a su tío  fuese a decir a Lascurain que viniese inmediatamente. Entonces Ernesto Madero le confesó la verdad diciéndole que la renuncia había sido presentada ya y aceptada por el Congreso.

“Esta es una felonía de Lascurain -dijo Madero- el compromiso fue de que la renuncia la presentase hasta que yo estuviese a bordo del “Cuba”.

“En esos momentos supimos, por conducto de un oficial que acababa de ser designado Huerta, Presidente Provisional por el Congreso.

“Esta ha sido la  segunda trampa en que he caído –Me dijo al fin  Madero,- estoy ya persuadido de que no saldré con vida de México. Me conducirán a la prisión esta misma noche y, en el camino me fusilarán o me asesinarán aquí mismo en cuanto nos quedemos solos.

Valiente ante la muerte

“Ernesto Madero  me rogó que los acompañase, diciéndome que si lograban sobrevivir esa noche, probablemente sería capaz el Cuerpo Diplomático de salvarlos. Me decidí a acompañarlos pues como hubiera yo podido tener ánimo para tomar mi sombrero y dejarlos, estando yo persuadido, de que estos hombres serían muertos tan pronto como yo estuviese en la calle. Ernesto nos dejó, al fin, quedándonos los tres, Madero, Pino Suárez y yo en estas tétricas piezas.

“A la una de la mañana me invitó a descansar, indicándome que tenía mucho sueño y, sin la menor agitación, este hombre que acababa de ser depuesto de la Presidencia comenzó ha hacer dos lechos con sillas, uno para él y otro para mí.

“Acababa de terminar su labor un oficial de parte del general Huerta, el cual le había ordenado nos dijese que el tren dispuesto para conducir a los prisioneros fuera del país estuvo listo oportunamente, pero por circunstancias que después explicaría, había sido imposible despacharlo. El mismo oficial me invitó a retirarme y esperar. Y como anteriormente se hubiese dicho algo relativo a que el tren pudiese salir a las cinco de la mañana, pregunté al oficial  si ese fuese el programa; pero éste contestó que no sabía nada. Tan pronto como vi a Madero  dormido, fui a acompañar a Pino Suárez, no sin dejar de echar una hojeada a Madero quien dormía como un niño. En estos momentos entraron guardias y apagaron  las luces.

“Por las rendijas superiores de las ventanas penetraban algunos rayos de luz, pero no nos molestaban. Estábamos tan estrechamente custodiados, que cualquier frase que nos cruzábamos Pino Suárez y yo, solo podíamos hacerlo en voz muy baja.

“A las nueve de la mañana  se nos sirvió el desayuno. Pino Suárez no quiso tomar el café, temiendo estuviese envenenado, pero Madero y yo lo tomamos. Entonces Madero dio al muchacho que nos servía un peso  y le dijo que nos trajese los periódicos de la mañana; nosotros no lo permitimos por temor de que supiese la muerte de Gustavo Madero, se resignó echándose luego sobre su cama de sillas, donde durmió aún veinte minutos.

“Cuando despertó dijo que estaba preparado a todo lo que sobreviniese, pero me indicó  acudir a los diplomáticos para salvarle, lo que prometí hacer gustoso. Preguntome también si su esposa había hecho también alguna súplica personalmente  a Huerta.

Como a las 10 de la mañana llegó la esposa de Pino Suárez  acompañada  de un caballero, despidiéndome yo de ellos entonces.

El costo de eso día (20 de febrero) y los dos siguientes trabajamos por salvar a Madero. Pregunte a Huerta por que no había dado su acuerdo a este respecto a lo que me contestó  que no se atrevía a mandar a Madero a Veracruz hasta que no tuviese confianza en las autoridades militares de ese lugar. Le indique a mí vez lo enviase a Tampico a donde haría llegar el “Cuba”, más se mostró irresoluto. Casi todos los Ministros Extranjeros vieron personalmente a Huerta e intercedieron por la vida de Madero.

“El 22 en la mañana los Ministros creían fuera de peligro  las vidas de Madero y Pino Suárez, aunque habíamos oído el rumor de que se proyectaba internar a Madero en un manicomio. Por la noche todos los Ministros acudimos a la Embajada Americana para festejar el nacimiento de Washington; Huerta y todos  los Ministros de su gabinete acudieron y todos parecían muy tranquilos.

Muerte del Presidente

“La mañana siguiente, domingo, fui llamado con mucha urgencia por teléfono; era la Sra. De Madero excitadísima por un informe que tuvo de que su esposo estaba herido. Le contesté que esto no debía  de ser verdad, pero poco después  por los periódicos de la mañana supe del acontecimiento de  la muerte de Madero y Pino Suárez a las once y cuarto de  la noche anterior, al ser llevados a la Penitenciaría.

El embajador Wilson procuró  obtener  permiso a fin de que la Sra. De Madero viese el cuerpo de su esposo. Creímos entonces que se hallaba en peligro el resto de la familia y precipitadamente me propuse sacarlos del país. Personalmente escondí a Don Francisco I. Madero, padre del presidente asesinado, y su hermano Ernesto, y a escondidas los remití a Veracruz y los embarqué al “Cuba” abandonando Veracruz el 25 de febrero.

El Sr. Sterling ha pertenecido al Cuerpo Diplomático de la República de Cuba varios años y ha ocupado el puesto de Ministro en la Argentina, Perú y Brasil. Durante la Administración del Presidente Palma, fue abogado del Departamento de Estado. Ha presentado su renuncia como Ministro de México que por esas fechas aún no se aceptaba, aunque estaba el resuelto a separarse de ese puesto.

[1] La honorabilidad personal y el prestigio  político y diplomático del señor Márquez Sterling dan a sus declaraciones un sello de veracidad en virtud del cual deben tenerse como datos efectivos para la investigación histórica de los sucesos de febrero de 1913 N. de la D.

Fuente:

Rollo 37, Colección Periódico Oficial Chihuahua del  4 de mayo  de 1913-enero 1915/ domingo 15 de febrero de 1914, Año I, Num. 10, página 4-7.

Fotos: http://escritoconsangre1.blogspot.com/2007/11/francisco-cardenas-y-decena-tragica-el.html

 

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2 Respuestas a “Testimonio…

  1. Reblogged this on juanagallo1910 and commented:
    Últimos días de Donn Fco I Madderonarrados por el embajador de Cuba en México Sr. Manuel Márquez Sterling.

  2. Lo felicito por este excelente ensayo; revela muchos detalles interesante poco conocidos acerca del magnicidio llevado a cabo por Huerta y sus se secuaces.

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