QUIERO DECIR LA VERDAD
SOBRE MI GENERAL

FRANCISCO VILLA

Por: El Capitán José María Chávez López

Transcripción: Carlos Méndez Villa/Archivo Histórico ICHICULT

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Veterano de la revolución, con domicilio en Saucillo Chihuahua.
He tenido conocimiento de que en los congresos que los historiadores celebran cada año, en el mes de julio, y en los que hablan solamente sobre la Revolución Mexicana, dicen muchas falsedades, sobre mi General Francisco Villa.
Ahora que hay oportunidad de hacerlo, envío este trabajo, con la suplica de que sea leído, durante los trabajos, pues es necesario que en este tipo de jornadas, se investigue lo suficiente para que se aclaren muchos puntos obscuros de nuestro movimiento que hicimos tantos hombres de la sierra de Chihuahua en el año de 1910.
No voy personalmente porque el Sr. Alfonso Escárcega sabe perfectamente bien, que ya mis piernas no me dejan andar traficando. Voy a cumplir noventa años y mi salud está por la calle de la amargura. Además son muchos los gastos que origina ir a Chihuahua y yo, un pobre veterano, me las veo negras para poder vivir, pues me dedico al pequeño comercio, pero tan pequeño que casi no se ve.
Pues bien, voy a decirles como era realmente mi General Villa: tenía una personalidad muy definida. Francamente no había otro, en toda la Revolución. Yo conocí a docenas y docenas de generales, pero ninguno le llegaba a los talones.
Cuando daba una orden, lo obedecíamos ciegamente pues nadie se atrevía a replicarle. La mayor parte de las veces tenía razón en los combates; mejor dicho, siempre. Si decía: vamos a atacar por acá o por allá, lo hacía con tal conocimiento de causa, que parecía que había estudiado en libros la estrategia de sus batallas.
Tenía mal carácter. Se dice que era una tempestad. Claro que lo era cuando se enojaba. Me acuerdo que en alguna ocasión me dijo mi General Ángeles: “Mira, muchacho, ten cuidado con mi General Villa. No le lleves la contraria, porque estás perdido déjalo que se repose y cambia. Pero eso sí, si alguien lo ha engañado o traicionado, que se dé por muerto.
“Mi General Villa, era muy generoso con la gente pobre, nos ayudo a más no poder. Eso si le quitaba a los ricos. Pero que se pregunten sus enemigos: ¿Dé dónde iba a coger dinero, sino de los que lo tenían, para socorrer a los hambrientos?
Era mi General un hombre humilde. A pesar de que llegó a ser la figura mayor de la Política en algunas épocas, vestía con sencillez y jamás presumió de que las podía.
Mi General, era un hombre sin vicios, yo nunca lo vi borracho, cosa que sucedía constantemente con otros generales y no digo generales, sino toda la tropa sin tomar en cuenta el cargo que tenía.
Se dice que mi General Villa, era un asesino. Es una mentira muy socorrida que la han desparramado sus enemigos, porque todavía ahora mismo los tiene y muy fuertes. Villa mataba claro, cuando era necesario, o porque no decirlo, cuando se le iba la mano. Pero mataba más gente, los otros generales. O cuando menos por igual. Yo vi casos del General Chao, del General Maclovio Herrera iba a decir que el General Obregón, pero ese si mataba, y ya ven ustedes, con qué facilidad se han olvidado sus fechorías.
Mi General no era como muchos historiadores dicen que muy grandote, que chaparro, que tenia ojos muy claros, que andaba balanceándose. Esta es la verdad.
Era de una estatura más alta que mediana, de complexión fuerte y robusta; de color rojizo requemado pelo ensortijado, como si lo tuviera muy chino, la frente era muy ancha, muy despejadota; las cejas las tenia tupidísimas y los ojos, ah, los ojos eran pequeños sí, pero de mirada terrible, fulminante, como queriendo saberlo todo y tratando de meterse en el fondo de las cosas; la nariz no era muy grande y la tenia ligeramente afilada. Los maxilares eran notables, por lo fuerte que eran. Tenía el cuello corto. Repito que apenas se paraba delante de su gente y parecía que les inyectaba valor. Todos lo queríamos mucho y sobré todo lo respetábamos.
Tengo la idea de que fue siempre un hombre que no era rico. Lo que dejó al morir lo testifica.
Esta es la verdad que quiero que sepan los historiadores para que le cuelguen tanto milagrito a mi General.
Habló porque tengo los pelos en la mano. Durante cerca de seis años anduve con él, lo traté y oí muchas cosas de su persona. Estuvo en las tremendas acciones de Zacatecas, y en desastre del Bajío. ¿Quieren más?
Ya me cansé de dictar a mi nieto. Así que perdonen y es todo ahora.

Fuente:
SOCIEDAD CHIHUAHUENSE DE ESTUDIOS HISTORICOS
XIII CONGRESO NACIONAL DE HISTORIA
DE LA REVOLUCION MEXICANA

Personajes de Chihuahua…

Manuel Bernardo Aguirre

Por: Carmen Muñoz./Analista Documental

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Nació en Baborigame el 20 de agosto de 1908. Hizo sus estudios en la ciudad de Chihuahua.
Miembro fundador del Partido Nacional Revolucionario, Diputado de la Unión, Presidente Municipal de Chihuahua, Senador de la República.

El 3 de octubre de 1970, fue nombrado Secretario de Agricultura y Ganadería, por el C. Presidente de la República Lic. Gustavo Díaz Ordaz, cargo del que se separó para hacer su campaña política a la gobernatura el día 31 de diciembre de 1973, habiendo resultado electo, tomó posesión el día 31 de diciembre de 1974, terminando su gestión el 3 de octubre de 1980.

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Fuente:
ICHICULT/Sala Chihuahua/Gobernadores de Chihuahua, Francisco R.Almada/1980. B. Martínez
Fotografia de adolescente; Tribuna/Chihuahua, 26 de diciembre de 1948.

Matices de mujer en la historia

Por: Carmen Muñoz./Analista Documental

Transcripción

Juanita Aparicio:Valiente y torera en el ruedo, delicada y femenina en su casa

Por: Manuel Pérez Miranda

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-“¿Qué anda haciendo usted aquí? Esto es cosa de hombres ¡Váyase a la cocina!…
La energía con que fueron dichas, estas palabras hizo perder el gesto alegre a aquella chiquilla de apenas 15 años, que había “colarse”, a presenciar los entrenamientos taurinos de su padre, y sus finas facciones dejaron ver de inmediato una incontenible tristeza.
Sin embargo, la idea de “dar unos capotazos frente al toro”, fue creciendo y sólo el temor de escuchar otra reprimenda la hizo contenerse, contentándose con manejar los capotes frente al espejo, “como lo hacia mi papá”.

-“Días más tarde-cuenta sencilla y amable, la bella chiquilla-, durante un festejo taurino al que sorpresivamente él mismo me había llevado, salió una becerra muy buena y entonces, volviéndose a mí, dijo, “Tu que querías torear, dale unos capotazos a ésta”.

“claro-comenta-lo que mi papá quería era que la becerra me diera una revolquiza, pero era muy buena, muy noble, y la pude torear a gusto.”

Don Francisco Aparicio, conocido charro que paseó triunfal el arte mexicano por Europa, no siquiera pensaba que la mayor de sus tres hijas se dedicara profesionalmente al toreo pero la sangre habla y en Juanita hablo elocuentemente.
Habló como mexicana y como hija de un charro y torero, porque Don Paco también lo fue.

FUERA DE LOS RUEDOS
La triunfadora Juanita Aparicio, que en los ruedos de las plazas, sabe dominar las embestidas impetuosas de los astados, es en su hogar, simplemente la mayor de los cuatro hermanos de un matrimonio netamente mexicano; le siguen Rosa María, María del Carmen y Francisco, de 17, 15 y 14 respectivamente.
Muy cera de la Villa de Guadalupe, en la Colonia Estrella, una acogedora casa es testigo de la hogareña vida que lleva Juanita al lado de los suyos.

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SEÑAL, la visitó cuando la encantadora torera dedicaba el tiempo a ayudar a su mamá en los quehaceres del hogar, lo mismo cosiendo que preparando un sabroso pastel o cocinando un suculento platillo…

-“ Aparte de los toros y la charrería, lo que más me gusta es la música, española y mexicana, pero también me encanta escuchar la clásica.”
“Al cine asisto poco, casi nada más cuando exhiben una cinta de ambiente taurino. Lo que mas me atrae es la cocina y la costura; mis ratos libres los dedico a tejer”.

No se puede hablar con la gentil triunfadora del domingo pasado, sin pensar que es torera; por eso la charla se va siempre a la taurino.

“-Tengo-dice- proposiciones para actuar en diferentes plazas, de los Estados Unidos con Betty Ford; es cosa que hay que pensar detenidamente. Por otro lado, hay un proyecto en serie de corridas en los Angeles, Chicago, Nueva York y Filipinas, todo depende de ultimar detalles.

Fuente:
ICHICULT/Área de Archivos y Colecciones Especiales/SEÑAL,Semanario Catolico/2 de Octubre de 1955/

LA HUELGA DE PINOS ALTOS
CHIHUAHUA

Por: Carlos Méndez Villa

Archivos y Colecciones Especiales/ICHICULT

Tuvo lugar en la Sierra de Chihuahua, el día 21 de enero de 1883, organizada por un grupo de mineros norteños; siendo un movimiento obrero muy significativo, porque se anticipo tres años a la masacre que hicieron las empresas demandadas contra los mártires del primero de mayo de 1886, en la Ciudad de Chicago Illinois. E.E.U.U. de A. Quebrantada la Ley Trías que prohibía a los empresarios pagar sueldos y salarios con tarjetas, vales o mercancías.
Las causas que motivaron este movimiento de huelga, al que en aquella época se le dio el calificativo de motín, fueron el disgusto que causó a los obreros el cambio de sistema de raya de semanal que era a quincenal y el establecimiento de los pagos mitad en dinero y mitad en mercancías de la tienda de raya de la misma compañía, en lugar de pagar todo con efectivo como se venía haciendo con anterioridad. Por último, el descontento de los trabajadores en contra de dos empleados principales que eran verdaderos capataces.
La huelga estalló el domingo 21 de enero de 1883; pero desde la tarde anterior se notó gran efervescencia entre los trabajadores y la gente del pueblo, al ejecutarse la raya con las modificaciones expresadas. El 20 por la noche se verificó un baile en un salón situado en los altos de la tienda de raya el que se prolongó hasta la mañana del día siguiente, horas en que principiaba el desorden de los obreros que exigían justicia.
Los organizadores del baile habían puesto guardias armados en las puertas de entrada, con la consigna de impedir que penetraran elementos obreros. Tuvo lugar una disputa entre éstos y los guardianes y, al pretender entrar algunos trabajadores, se mataron simultáneamente al dispararse sus armas un guardia llamado Manuel Anchondo y un obrero de nombre Jesús Montiel.
A las ocho de la mañana del día 21 se notaba gran alboroto entre las partes en pugna esto es, los obreros inconformes y los empleados adictos a la Compañía. Viendo que el desorden aumentaba, el Juez Local Señor José Miguel Robredo armó doce hombres para contener a los obreros amotinados y tratar de someterlos, pero a penas salieron a la calle fueron desarmados por éstos.
Con estas armas y otras que poseían los obreros principiaron a tirotearse con los empleados y defensores de la Compañía minera, fuego que ya nutrido o aislado se prolongo como dos horas. Los trabajadores lograron posesionarse de la tienda de raya después de haber roto las puertas; pero no tomaron nada, ni destruyeron lo que allí había.
Buscaron con empeño a los capataces a quienes odiaban y cuyas vejaciones y malos tratos habían contribuido a desbordar el descontento, sin que los hubieran localizado. Contándose entre los primeros Esteban Herrera y entre los segundos Don Celso Revilla.
A las doce del día habían cesado completamente los disparos, pero el desorden seguía y la autoridad local había desaparecido. El jefe de la negociación, Mr. John Buchan Hepbun, salió a uno de los balcones de la planta alta del edificio conocido por “El Hotel”, en donde se encontraban reconcentrados los empleados adictos a la empresa, nacionales y extranjeros, con objeto de hablar a los obreros y buscar la manera de calmar los ánimos excitados. En esos momentos sonó un disparo de entre la multitud y Mr. Buchan cayó herido de un balazo en la cabeza, falleciendo horas después. La situación quedo en manos de los obreros, sin que hubieran ejercido actos de violencia.
En las primeras horas del día 23 llegó al Mineral de Pinos Altos el Presidente Municipal de Ocampo, Don Carlos Conant, con una sección de hombres armados, a sofocar el movimiento. Los obreros no opusieron ninguna resistencia a la empresa para que aceptase sus demandas en materia de trabajo. Conant declaró aquel Mineral en estado de sitio proclamando la ley marcial; ordenó que todos los obreros entregaran sus armas y procedió a instalar un Consejo de Guerra sumario para juzgar a los huelguistas. Este se integró por él como presidente, el Juez de Paz Miguel Gaytán en defecto del anterior y Miguel Chávez, empleado de la Compañía Minera. Ese mismo día fueron sentenciados a muerte y fusilados en el Barrio de las Lajas los jefes de aquel movimiento de huelga, llamados Blas Venegas, Cruz Baca, Ramón Mena, Juan Valenzuela y Francisco Campos, bajo los cargos de asesinato, lesiones, sedición, daño en propiedad ajena y conato de incendio.

Poco después fueron sentenciados a igual pena otras doce personas, pero no se les fusiló porque, cuando se encontraban en capilla, arribó a Pinos Altos Francisco Armenta con una sección armada procedente de Uruáchic y se opuso a las resoluciones del consejo de guerra. Más tarde llegó el jefe político del cantón de Rayón, Ramón Campos, quien apoyó la conducta de Armenta, y los doce encapillados se salvaron de morir bajo el fuego del pelotón de ejecución. Sin embargo, en su informe al Gobierno del Estado Campos se hizo solidario de los actos realizados por Conant.
Una vez serenada la situación con la presencia del Jefe Político y hecha la consignación de los acontecimientos al juzgado 2do. de Primera Instancia, la empresa reanudó sus trabajos, sin que los obreros hubieran obtenido la satisfacción de sus demandas y tuvieron que volver a sus ocupaciones ordinarias en la forma en que se encontraban antes del movimiento de huelga, mientras sesenta de sus compañeros quedaron detenidos y consignados a la autoridad judicial.
El Gobierno del Estado aprobó los actos ejecutados por Conant en Pinos Altos, considerando un acto de justicia los fusilamientos acordados por el Consejo de Guerra y previa la posibilidad de que el Gobierno de Su Majestad Británica hiciera reclamaciones al nuestro por la muerte de Mr. Buchan Hepbun, de quien se dijo entonces que estaba emparentado con la Reina Victoria. También el Periódico Oficial se encargó de hacer la apología de los actos de Conant y los suyos.
Muy pocos días después de de estos acontecimientos llegó a Pinos Altos un destacamento del 11° Batallón de Infantería bajo el mando de un Oficial, y permaneció allí varias semanas, hasta que se consideraron serenados los ánimos. Cuando esta fracción regresó a la Ciudad de Chihuahua, en donde tenía su matriz el expresado cuerpo, se trajeron a todos los prisioneros y estuvieron trabajando forzados en la construcción del Palacio de Gobierno del Estado. Algunos lograron fugarse, otros obtuvieron su libertad bajo fianza y el proceso tardó más de seis años para fallarse.
Con la intervención anteriormente descrita de las autoridades inferiores y el apoyo del Gobierno del Estado, fue seguro el fracaso de las pretensiones de los huelguistas.
Refieren personas de aquella región del Estado que Mr. Buchan Hepbun, pertenecía a una aristocrática familia inglesa, y que habiéndose enamorado de una corista, la siguió por Francia y España dilapidando una cantidad regular de libras esterlinas. Su familia, en castigo de este desvío, lo mandó al Mineral de Pinos Altos a trabajar en la negociación minera que era propiedad de una Compañía Británica de la que su hermano Archibaldo era principal accionista.
Mr. Buchan Hepbun tenia tan arraigada la tradición y las costumbres rancias de la aristocracia de su país, que no permitía que le gente de clase humilde del pueblo le dirigiera la palabra directamente por razón de negocios. Debía hacerlo por conducto de su secretario privado o de alguno de los empleados inmediatos, porque no le era dable hablar con plebeyos. No es remoto que esta conducta altanera haya contribuido a fomentar el descontento entre los obreros de Pinos Altos.
El Periódico Oficial en su edición del 10 de marzo de 1883 menciona lo siguiente: Inculpaciones Gratuitas.- en el periódico “El Progresista” que se publica en Paso del Norte con fecha del 2 de marzo del presente, refiriéndose al “Correo del Lunes” semanario de la Capital de la República: impugna con verdad las calumnias que el expresado colega del lunes asienta, con el encabezado de “Malos síntomas”. Para que el Estado juzgue de los conceptos ofensivos notoriamente falsos de que es blanco, sin la menor razón, el personal del Ejecutivo, se copian en seguida las mentiras que en el expresado semanario de México se han publicado, y la contestación del Progresista.
MALOS SINTOMAS.- Con motivo de la protección que el gobierno de Chihuahua imparte á los yankees, se notan síntomas de descontento en algunos pueblos del Estado pues muchos mexicanos han sido despojados de las minas que tenían alquiladas, simplemente porque el Gobernador desea captarse las simpatías de los primos. “Con ese motivo ha habido multitud de riñas entre mexicanos y yankees, riñas que han tenido funestos resultados, pues de una y otra parte se registran desgracias. “Marchamos a la anexión a pasos agigantados”.
El gobierno responde lo siguiente: “El colega carece absolutamente de razón al juzgar de esta manera al Gobierno de Chihuahua. Quizá los gobiernos fronterizos sean los que menos se presten a contemplaciones con nuestros vecinos precisamente por que estando en más directo contacto con ellos, pueden apreciar mejor sus tendencias. El Gobierno de Chihuahua no ha despojado ni permitido que se despoje a nadie de su propiedad minera, mucho menos a favor de norteamericanos. Si últimamente hubo un disturbio en Pinos Altos, ni éste tuvo lugar por propiedad minera ú otra, ni se puede hacer responsable á ningún gobierno de que haya gente perversa entre sus gobernados. “esperamos que el colega no se seguirá haciendo el eco de los malos informes que recibe, y que antes de emitir su juicio, pese con entera imparcialidad y justicia lo que se le diga, quizá por personas no afectas al Gobierno,”
Los mencionados Blas Venegas, Cruz Baca, Ramón Mena, Juan Valenzuela y Francisco Campos fueron las primeras victimas del movimiento obrero en nuestra patria, dignos de que se perpetué su memoria no sólo porque cayeron en primer lugar, sino porque antecedieron tres años a los huelguistas de Chicago.

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Pinos Altos 1

Fuentes:
Benjamín Herrera Vargas (ah Chihuahua Cuna y Chispa de la Revolución Mexicana)
Francisco R. Almada,  Las Víctimas de Pinos Altos (boletín de la Sociedad Chihuahuense de Estudios Históricos #7. Vol. VI )

Periódico Oficial Chihuahua 10 de marzo de 1883
Documentos Originales Compañía Minera de Pinos Altos posteriores a la citada Huelga
Archivos Históricos ICHICULT

Los números de 2014

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 37.000 veces en 2014. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 14 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

Haz click para ver el reporte completo.

LA MUERTE DE VILLA

por: Carlos Méndez Villa

Archivo Histórico/ ICHICULT

LA EMBOSCADA

El lugar elegido para la emboscada era una casa que comprendía dos cuartos independientes con una puerta cada uno a la calle los que fueron horadados en su pared medianera el primer día que fueron ocupados para que se comunicaran entre sí. Fueron alquilados en nueve de julio so pretexto de instalar en ellos un expendio de pasturas.

La casa marcada con los números 7 y 9 (hoy 15) de la calle Gabino Barreda estaba estratégicamente situada frente a la avenida donde, aunque el automóvil viniese a poca velocidad tenía que aminorarla para tomar la curva pronunciada a la derecha que conducía al puente de Guanajuato y a la entonces calle San Juan de Dios, hoy Maclovio Herrera.

Según librado Martínez, los asesinos se distribuyeron de la siguiente manera. En el cuarto de la derecha estaban: Jesús Salas Barraza, Melitón Lozoya, José Guerra y el mismo Librado. El grupo que bien podría llamarse dirigente y que fue el que efectuó la primera descarga. Lógicamente así tenía que ser puesto que ese cuarto era el más directamente enfocado a la avenida Juárez. En el de la izquierda estaban José Sáenz Pardo, Román Guerra, José Barraza y Ruperto Vara. Fuera estaba Juan López Sáenz Pardo en la esquina de la avenida Juárez y callejón Meza a fin de dar una señal que dijera a los asesinos con alguna anticipación de qué lado venia Villa en el coche.

Minutos después de las 8 de la mañana, los asesinos vieron la señal de su compañero. Villa conducía el vehículo, así que todos debían hacer la primera descarga sobre el asiento del conductor, luego, fuego a discreción. El automóvil avanzaba lentamente por la calle Juárez, casi para llegar a la calle Gabino Barreda, tuvo que frenar para pasar una zanja. Había llegado la hora. De pronto, el infierno.
Los proyectiles deshicieron el parabrisas y fueron a impactarse sobre los cuerpos de Villa y de Trillo. Al sentir los primeros disparos, Villa soltó el volante y el auto se impactó contra un fresno. El cadáver de Trillo quedó colgando de cabeza en la portezuela derecha, el cuerpo del centauro recargado sobre el respaldo de su asiento. Los asesinos dejaron las habitaciones, cortaron cartucho y frente al automóvil dieron el tiro de gracia a Villa y a sus compañeros. Luego tomaron sus monturas y salieron huyendo.

Los Autores Materiales

Se ha dicho que la muerte de Villa se debió a los odios que incubó con sus violencias y es desde luego un factor decisivo en su muerte aunque quizás no el único ni posiblemente el determinante.

Melitón Lozoya
Había viejos motivos de rencor entre él y Villa. Un tío de Melitón Lozoya llamado Hilario según relata el Ing. Torres “fue nombrado por Victoriano Huerta meses después del cuartelazo de la Ciudadela Gobernador del Estado de Durango, su cargo que nunca disfrutó porque los Arrieta se apoderaron de aquella entidad federativa y él no pasó con su nombramiento de Jiménez”. Esto no le proporcionó simpatías en la fila villistas.
Después… en el año de 1917, Justo Lozoya, hermano de Melitón, fue aprendido por Villa en Hidalgo del Parral exigiéndose por su libertad la suma de cuatro mil pesos pues era dueño de la hacienda de la cochinera.
Villa mando llamar a Lozoya en el año de 1923 al enterarse por boca de uno de sus hombres que Melitón Lozoya era quien antes de la llegada de Villa a Canutillo había Vendido todo lo que se encontraba en la Hacienda
El Centauro increpo a Lozoya y le advirtió que si no regresaba en el plazo de un mes todo lo que había vendido acabaría con el
Melitón Lozoya reunió en la cochinera a Crisóstomo, Juan y José Barraza, Juan López Sáenz Pardo y José Sáenz Pardo, Librado Martínez, José y Ramón Guerra y Juventino Ruiz y les comunicó el incidente tenido con Villa y su firme Propósito de acabar con Villa.

Días más tarde José Barraza, uno de los comprometidos le platico a su pariente Jesús Salas Barraza lo que estaban preparando y así se logro la conexión Jesús Salas Barraza- Melitón Lozoya.

El cuadro parece lógico.
Por supuesto hubo dinero. Posiblemente, como se dice, de fuentes oficiales o como también se afirma que los fondos salían de Gabriel Chávez, Jesús Herrera, Ramiro Montoya, Eduardo Ricaud, Jesús Montoya, Lalo Baca y Felipe Santaella.
Sin embargo, uno de los asesinos, Librado Martínez, asegura que el dinero no salió de Gabriel Chávez y demás comerciantes de Parral, sino de más arriba y afirma, incluso que Chávez se quedo con la Mayor parte.
El crimen tuvo la siguiente tarifa:
Trescientos pesos para cada uno de los ocho asesinos al final del complot (según Librado Martínez). $2.400.00
Cinco pesos diarios a cada uno de los ocho conjurados durante los días que mediaron del 10 de mayo al 23 de julio. $2,520.00
La renta de un año de alquiler de los cuartos desde donde se efectuó la emboscada a razón de $75.00 mensuales. $900.00.
La renta del local conocido como Huerta de Botello durante tres meses a razón de $40.00 al mes $ 120.00.
Mas la compra de provisiones para los emboscados y de la alfalfa que aparentaban vender.
Y por último las armas y el parque que se entrego a los complotistas y que eran las siguientes:
Jesús Salas Barraza disponía de un rifle automático Winchester 73 ochavado y una pistola calibre 45.
Melito Lozoya un rifle automático y una pistola calibre 45.
Román Guerra, Juan López Sáenz Pardo y José Sáenz Pardo, cada uno un rifle 30-40 y una pistola 45.
José Guerra un rifle calibre 30-30 y una pistola calibre 32-20.
José Barraza un rifle 30-30 y una pistola calibre 44.
Librado Martínez un rifle 30-40 y una pistola colt especial.
Ruperto Vara un rifle 30-30 y una pistola calibre 44.
En total seis o siete mil pesos, aparte el valor de las armas que debió ser bastante alto.
Con el dinero canalizado por Salas Barraza o Melitón Lozoya, más los rencores de Melitón Lozoya y sus Hombres quedo armado el escenario para la tragedia.
El grupo quedo formado por Jesús Salas Barraza, Melitón Lozoya, Román Guerra, Juan López Sáenz Pardo, José Sáenz Pardo, José Guerra, José Barraza, Librado Martínez y Ruperto Vara.

Los Asesinos y sus motivos
“El padre de Librado Martínez era Nabor Sáenz Pardo y aquel tenia cuentas pendientes que cobrarle a Villa por que este o por lo menos la gente a su mando, abatió a tiros a don Nabor”
“José Sáenz Pardo era hijo como Librado, de Nabor Sáenz Pardo y de María Chavira y se advierte que como Martínez deseaba cobrarse viejas cuentas con Villa tanto por la muerte de don Nabor cuanto por la del tío José Cayetano.”
“Juan López Sáenz Pardo deploraba la muerte de su hermano Ángel, de su primo hermano Jesús Franco y otros familiares, al impacto de las balas del Gral. Villa”
José Barraza había perdido frente a los contingentes de Villa a su hermano Gerónimo Barraza y a dos tíos.”
Los hermanos José y Román Guerra vieron como se enlutaba su hogar después de sangrienta refriega en Rio de Providencia, Dgo. Al caer algunos de sus familiares mientras las voces del bando contrario gritaban ¡Viva Villa!”
Aunque hubo otras tres personas a quienes Melitón Lozoya ofreció también entrar en el complot: Crisóstomo y Juan Barraza y Juventino Ruiz, los tres con relaciones familiares con algunos de los comprometidos e incluso con Melitón Lozoya y con los mismos agravios que los demás y sin embargo se negaron.
“No nos convino” aseguró Juan Barraza.
Lo que hace pensar que en los asesinos impero más el interés económico y político que la misma sed de venganza no hay otra razón para la incorporación de Ruperto Vara, joven de apenas 16 años y quien no tenia absolutamente ningún agravio que vengar del general Villa. La incorporación de este último, marca el carácter mercenario de la emboscada.

Los acompañantes del Gral. Villa

Ramón Contreras.- pertenecía a la escolta con que contaba en canutillo, el General Francisco Villa. Fue alcanzado por varios balazos en el asesinato del Guerrillero en parral, en 1923 y pudo huir disparando su arma que alcanzo a matar a Román Guerra. Contreras fue trasladado al hospital de Jesús, donde le fue amputada la mano izquierda y al cabo de cuatro meses se traslado a Durango, donde murió en 1944. Fue el único sobreviviente de la matanza era primo del General.

Miguel Trillo.- se le conoció por “Trillito” en señal de afecto y estimación. Hizo estudios en el instituto científico y literario de chihuahua, ciudad de la que era nativo. Sus estudios fueron tan brillantes que llego a establecer un sistema propio para la taquigrafía, cuyos autores fueron Wuordworth y Trillo. Fue hijo de don Paulino Trillo Ponce y de Doña Luisa Ortegón Ferrales. Para 1922 era ya jefe del estado mayor de villa. Murió en la emboscada sin oportunidad de defenderse ya que las descargas fueron cerradas.

Daniel Tamayo.- Nació en Coahuila. Se incorporó a la División del Norte comandada por el general Francisco Villa. Formó parte de su escolta de “Dorados” marcado con el numero 16 en la famosa fotografía de los dorados de villa fue de los generales que acompaño a villa a tlahualilo y otras acciones. Era su asistente y con él fue asesinado en parral, chihuahua recibiendo trece balazos.

Rafael Medrano.- Era de la escolta del General Villa y al ser asesinado este en la ciudad de Parral, Chihuahua, en 1923, alcanzo a salir del automóvil gravemente herido, siendo recogido y después llevado al hospital donde le fue amputada una pierna, muriendo a los ocho días. Fue uno de los únicos que salieron con vida de la emboscada.

Claro Hurtado.- acompaño a Villa en el automóvil en que fue asesinado en Parral, Chihuahua, pues era el asistente del coronel Trillo. Ellos murieron bajo las certeras y cerradas descargas de los fusiles homicidas. Hurtado alcanzo a correr; pero fue muerto al ser visto por uno de los asesinos.

Resalió Rosales.- era el chofer de villa y cuando este fue asesinado rosales viajaba en la salpicadera del automóvil, muriendo también instantáneamente.

Minutos antes de las ocho se subió el General al coche y tomó el volante. Iba a manejar y a su lado en el asiento delantero se sentó su secretario el coronel Miguel Trillo.
En el asiento trasero, el asistente del general, el dorado Daniel Tamayo y el Coronel Rafael Medrano. En los asientos convertibles el dorado Claro Hurtado, asistente del Coronel Trillo y el Coronel Ramón Contreras, jefe de la escolta. En la salpicadera del lado derecho el chofer Rosalio Rosales.
Todos ellos vestían el traje típico de dorado, de charro en paño negro con mitazas blancas y gorras tejanas y pistolas 45 con cachas de concha.
Saliendo de la calle Zaragoza enfilaron por la avenida Juárez rumbo a la plaza del mismo nombre y a su destino.
Al llegar a la altura del callejón Meza, Juan López Sáenz Pardo se levantó el sombrero con la mano izquierda en señal de saludo, señal para los conspiradores de que el general iba manejando y de la cercanía de la victima a los rifles asesinos.
Avanzo el automóvil rumbo a la calle Gabino Barreda a marcha moderada. Al iniciar la curva, tanto porque entonces el piso estaba sin pavimentar como porque el drenaje de la avenida Juárez iniciaba una zanja a la entrada, el coche hizo un pequeño giro a la izquierda y fue cuando se abrió la puerta del primer cuarto y de los cuatro rifles emboscados tras las pacas de alfalfa salió un huracán de fuego. Inmediatamente del segundo cuarto retumbaron las armas homicidas vomitando muerte y hasta Juan López Sáenz Pardo avanzó corriendo por detrás del coche disparando su pistola contra éste.
La vuelta al volante iniciada por el general no pudo completarse.
Balas expansivas y de acero brotaron de los ocho rifles en descargas sucesivas y hasta cerca de cien disparos acribillaron cuerpos y automóvil barriendo como un huracán con el Centauro y sus hombres.

Como es lógico todos los disparos iban dirigidos al general y tan acertadamente lo fueron que ni siquiera le dio a este tiempo- a pesar de sus formidables reflejos- a sacar su pistola. Quedó muerto recostado con el lado derecho de lacara contra el respaldo del asiento y con el cuerpo horriblemente destrozado por una bala expansiva que

pegó en el codo derecho y le destrozo el brazo, otra más en la mano derecha, una bala de acero en el codo izquierdo, una bala en el hemitorax que perforó los pulmones, otra en el hipocondrio derecho que le interesó intestinos y seis balas mas que le produjeron las heridas de menor importancia. Doce balazos, de ellos tres con bala expansiva que le alcanzaron de lleno.
El Coronel Miguel Trillo alcanzó a dar un salto en su afán de frenética huida, pero su pierna izquierda quedó enganchada en el muslo derecho del general y su salto solo le sirvió para sacar el cuerpo por encima de la portezuela del coche quedando colgado de espaldas hacia fuera. Tenía once balazos algunos de bala expansiva.
Rosalio Rosales que iba en la salpicadera murió instantáneamente de un balazo en el pecho y cayó de bruces al arroyo y con tanto ímpetu que, con la nariz, hizo un pequeño surco de varios centímetros en la tierra.
Daniel Tamayo fue muerto también instantáneamente de los trece balazos que recibió- iba sentado inmediatamente detrás del general Villa- y quedó muerto, sentado, con el rifle entre las piernas y recostado contra el lado derecho del coche.
Rafael Medrano alcanzó a salir del automóvil, pero herido en una pierna, en el pecho y en el brazo derecho, optó por tirarse al suelo debajo del vehículo fingiéndose muerto. Más tarde fue recogido aún con vida y llevado al hospital de Parral donde le fue amputada una pierna muriendo a los ocho días.
Los otros dos: Ramón Contreras y Claro Hurtado, heridos, corrieron hacia el puente de Guanajuato.
Ramón Contreras que fue alcanzado con varios balazos en el pecho, en las dos piernas y en el brazo izquierdo, corrió hacia la oreja derecha del puente en la esquina formada por la calle Gabino Barreda y la rivera del río de Parral. En su huida, ya herido, sacó su pistola y alcanzó a uno de los asesinos en el momento en que estos salían de los cuartos a rematar su obra. Su víctima, Román Guerra, recibió un balazo en el brazo derecho y otro en el pecho y quedó muerto bajo el dintel de la puerta.
En cuanto al dorado Claro Hurtado, con el brazo derecho destrozado por bala expansiva, al brincar del automóvil corrió al puente de Guanajuato donde por el andador izquierdo pretendió salir al rio y apenas había iniciado la marcha por dicho andador izquierdo pretendió salir al río pero encontró cerrada la salida por la huerta de Murillo. Se regresó y apenas había iniciado la marcha por dicho andador fue visto por uno de los asesinos que con el fusil embarazado y en actitud de protección a quien en esos momentos disparaba el tiro de gracia contra el general Villa, apuntó sobre Hurtado y le alcanzó en el pecho.

El Robo de la Cabeza

El día 26 de febrero de 1926 a primeras horas de la mañana, el administrador del panteón don Juan Amparan hacia su recorrido habitual ordenando los trabajos del día. Al llegar a la novena sección del cementerio su mirada se posó como era costumbre en el sepulcro del general Villa. No era difícil, ya que entre el andador y aquel hay un espacio vacío, sin tumbas.
Su sorpresa fue enorme. La tumba estaba abierta, rota la tapa de la caja que contenía los restos y dentro el cadáver pero sin la cabeza.
Rápidamente se traslado a la Presidencia Municipal.
El Presidente Municipal don Enrique A. Domínguez incrédulo ante la noticia y para no hacer un escándalo innecesario mando a severo Hinojos que en aquellos días fungía como Jefe del personal de jardines parques y panteones que averiguara lo sucedido.
La noticia fue bien confirmada y ya en una mas detenida inspección se encontraron cerca de la fosa algodones tintos en sangre, dos cuchillos y una botella de las llamadas tequileras con un liquido de intenso olor que en los primeros momentos se supuso que sería formol pero que, en realidad, no era más que alcohol. De la tumba, hacia la barda del panteón había gotas de sangre.
Fue llamado el médico municipal doctor José Abel Guerra Martínez para que con arreglo a la ley, efectuara una inspección del cadáver y quien llevo consigo su máquina fotográfica como era su costumbre en casos análogos.
La noticia corrió como reguero de pólvora por la ciudad y gran cantidad de gente se traslado al cementerio.
Parece que todo lo que se relaciona con la muerte de Villa está condenado a la oscuridad.
Si su asesinato se saldo a un costo mínimo, con una impunidad completa y una ignorancia oficial absoluta, su decapitación no corrió mejor suerte.

En Noviembre de 1925 el general Francisco R. Durazo recibe una oferta procedente de los Estados Unidos, de diez mil dólares por la entrega de la cabeza del general Francisco Villa.
El general llama al capitán segundo José Elpidio Garcilazo comandante de la primera compañía del 11 Batallón de infantería que manda el propio general Durazo y le da una orden: profanar el sepulcro de Villa, cortarle la cabeza y traérsela al general. Todo con la mayor reserva.
El capitán Garcilazo se resiste a obedecer la orden, pero – es 1925 y aun duran muchas costumbres revolucionarias- teme las represalias. Transcurren dos meses sin que se ejecute, con diversos pretextos, pero el general Durazo ordena se efectué en incluso recomienda al capitán Garcilazo comisione al cabo José Silva para efectuarlo materialmente, pero como este comienza a hablar en las cantinas del encargo ordena se le quite y se le dé al cabo Figueroa.

Ni aun así se decide el capitán Garcilazo a ejecutar la orden. El general Durazo le apremia y le asegura que es orden del general Obregón y que si no se efectúa se realizaran ciertos ajustes y ante esa amenaza forma un grupo que ejecute la orden y otro que lo proteja.
Y así a comienzos de febrero de 1926 queda formado el primero con el cabo Figueroa y los soldados José Martínez, Nivardo Chávez y Anastasio Ochoa. Y el segundo con los sargentos primeros Daniel Flores y Felipe Cruz con algunos soldados, todos los cuales apostados en las afueras del panteón, tenían orden de prohibir el acceso a este de cualquier persona

A las diez de la noche del día 5 de febrero el cabo Figueroa recogió con el cabo Domingo Millán Zamacona dos barretas y una pala y agrego una botella con alcohol para desinfectarse las manos.
Llegados al panteón saltaron la barda del mismo por un lugar llamado La Noria donde había una antigua pila semi destruida. Ya junto al sepulcro escarbaron por un lado de la sencilla tumba y rompieron las losas de encima. Sacaron el ataúd y rompieron la tapa.
Nirvardo Chávez con una de las barretas separo la cabeza del cuerpo pero fue José Martínez con un cuchillo quien termino de cercenarla.
Al hacerlo se hirió y derramo la sangre que se encontró horas más tarde junto a la tumba.
Eran ya las tres de la mañana cuando terminaron y se dirigieron al cuartel. José Martínez bastante bebido pues tomo en el panteón de la botella de alcohol que llevaban.
Al día siguiente se entrego la cabeza al capitán Garcilazo quien ordeno al cabo Figueroa que la llevara al sargento Rodríguez, jefe de la escolta del general Durazo.
Interviniendo tanta gente, muchos de ellos soldados que actuaban bajo órdenes, irresponsables y borrachos algunos de ellos, la noticia no pudo quedar secreta.
Supieron de ella con todos sus detalles el teniente coronel Ignacio Sánchez Anaya, el sargento primero José Zafra Herrera, jefe del detall del Batallón, y por supuesto connotados villistas parralenses a quienes pusieron en antecedentes antiguos compañeros de armas encuadrados en esa fecha al 11 Batallón.
Todo ello motivo a Emilio Holmdahl que debía recibir la cabeza saliera para EE.UU. sin cumplir su encargo ante su detención y expulsión de Parral, trasladándose a el paso donde quedo en espera del general Durazo.
Este recibió la cabeza por conducto del cabo Figueroa-sargento Rodríguez y se traslado a la frontera llevando la cabeza en una petaquita no sin antes recriminar al capitán Garcilazo por la mala forma en que se llevo a cabo la decapitación, esto es, dejando la tumba abierta y el cadáver al descubierto, lo que dio lugar a la detención posterior de Holmdahl.
La muerte a los dos días del mas parlanchín del grupo, José Martínez, la precipitada salida a México del teniente coronel Ignacio Sánchez Anaya, la deserción de varios de los componentes de los dos grupos que hicieron y vigilaron la decapitación, motivaron la destitución del general Durazo el 10 de marzo

Divulgación de la Noticia

Inmediatamente del asesinato, don José G. Rocha, director del diario local El Correo de Parral se lanzó al teléfono para comunicar la noticia al mundo entero. Allí se encontró

Con Jesús Salas Barraza que ponía el siguiente mensaje al general Jesús Agustín Castro, gobernador del Estado de Durango:
“hoy fue asesinado el general Villa. Saludos. J. Salas”
Al propio tiempo el coronel J. Félix Lara como máxima autoridad militar puso otro telegrama al general Obregón, Presidente de la República.
Y salió otro más del jefe de Telégrafos de Parral que decía:
Presidente de la República. Urgente. Permitome comunicarle a usted que en estos momentos fueron asesinados en esta Ciudad general Francisco Villa y coronel Miguel Trillo por miembros de su misma escolta. Respetuosamente. Jefe de Telégrafos. P. Navarro.”
Minutos más tarde llegaba a manos del General Obregón otro telegrama más, este del general Eugenio Martínez, jefe de las operaciones militares:
“Chihuahua, Chih. 20 de julio 1923—En estos momentos, nueve de la mañana, se han recibido noticias de haber sido asesinados general Villa y coronel Trillo en Hidalgo del Parral, Chih., por hombres de su escolta. Ya ordeno salida de fuerzas a Canutillo a fin de Guarnecer aquel Lugar… General de División J. 5ª JOP E. Martínez.”
Y poco después. Otro más:
“Cuartel General de Chihuahua 20 de julio 1923. C. Presidente de la República General Álvaro Obregón. N° 1. El Coronel jefe de la guarnición de Parral, Chih. En mensaje que dirígeme dice lo siguiente”:
“… el teniente coronel Barrios Gómez y el suscrito hicimos inmediatamente que nos dimos cuenta del caso, toda clase de averiguaciones… Como no tengo caballada no me fue posible hacer persecución pues solamente me he concretado a explorar los distintos destacamentos dependientes de este sector…”
La contestación de la Presidencia al coronel Lara fue muy decorosa:
“… Ejecutivo mi cargo no cree fundada excusa de usted de haber sido impedida persecución de asaltantes por falta de caballos, pues dado el número de individuos habrían sido suficientes diez o quince caballos para la inmediata persecución los que debieron haberse tomado de las personas que los hubieran tenido a la mano y cualquier arreglo que con ella se hubiera hecho para obtener animales habría sido completamente justificado. Obregón.”
Esta inactividad militar tan suavemente censurada, para guardar las formas, por Obregón y nunca castigada, estuvo curiosamente completada con una interrupción del telégrafo entre Parral y Canutillo.
En el informe de la Comisión cameral se dice que esta interrupción duró hasta la una de la tarde, cinco horas de silencio más que suficientes para tomar las precauciones militares necesarias ante el temor de un ataque de la gente de la hacienda.

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Fuentes:
Muerte de Villa (Antonio Vilanova)
Yo Mate a Francisco Villa (Víctor Ceja Reyes)
Yo Decapite a Francisco Villa (Víctor Ceja Reyes)
Boletín Fideicomiso Archivo Calles- Torreblanca
Periódico La Patria (El Paso Texas)
Archivo Histórico ICHICULT
El verdadero Pancho Villa (Ángel Rivas López)

 

Boletin Archivo Histórico Municipal de Parral

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