LOS DORADOS DE PANCHO VILLA
POR VICTOR CEJA REYES

Transcripción: Carlos Méndez Villa

Archivos y Colecciones Especiales

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Su fama ha traspasado el tiempo. No se concibe el nombre de Villa sin su famosa escolta Los Dorados, sobre la que mucho se ha dicho y escrito y en rigor, su origen es poco conocido. Los Dorados llegaron a ser sinónimo de valentía, de temeridad y de su escolta justamente estuvo orgulloso siempre el propio Villa. Esa fracción de caballería figura por derecho propio en la historia de la Revolución Mexicana. Integrada por jefes y oficiales, constituyeron la escolta personal del portentoso caudillo norteño. Alguien, que estuvo bastante cerca del Centauro, a quien no le hicieron referencias. Sino vivió aquellos violentos días y supo intimidades que para muchos entran en el casillero de conjetura, dejó constancia del nacimiento del famoso grupo. Supo pues, a fondo, cómo nació la famosa escolta que recibió el nombre de Los Dorados. Nunca, expresa José María Jaurrieta, la fracción montada sumó los efectivos requeridos para integrar un regimiento de caballería, y únicamente, contó con tres escuadrones, de cien hombres cada uno, como fuerza total. La escolta de Los Dorados, nombre que pronto se popularizó y fue objeto de innumerables leyendas, nació justamente a principios del año de 1913 en el pueblo de la Ascensión, distrito de Galeana, Estado de Chihuahua, fincándose su integración con elementos de un grupo denominado Cuerpo de Guias. Se recuerda que en aquel entonces los elementos más destacados y de confianza de Villa eran los siguientes: Benito Artalejo, Tomás Morales, Mariano Tamez, Gabriel Valdivieso, Javier Hernández, Jesús Chavarría Ernesto y Juan Ríos, Manuel Mercado, mejor conocido por su apodo de “El Caporal”, Jose de Jesús Fuentes, Marcos Corral, Martín y Pablo López, famosos los dos en extremo, mayormente consentido de Villa el primero, su más joven general, Benedicto Franco, Juan Cipriano y Ramón Vargas, “ y otros valientes que seria largo enumerar y que supieron morir en el campo de batalla inmortalizando su corporación”. Puede recordarse que el primer comandante que tuvo la escolta de Los Dorados, fue el coronel Francisco Sáenz, hecho que sin duda ignoran muchos, desempeñando dicha jefatura hasta la ocupación de Chihuahua por las fuerzas villistas, en los primeros días del mes de diciembre de 1913, cuando ya había sido capturada genial y estratégicamente la plaza de Ciudad Juárez y haberse efectuado la batalla de Tierra Blanca, determino la evacuación de Chihuahua por el general Mercado, de las fuerzas del torvo Victoriano Huerta y la forzada marcha de sus tropas el 29 de noviembre de 1913, rumbo a su tumba: Ojinaga. Deshecho mercado en Ojinaga, ya con calma en Chihuahua, Villa puso especial empeño en dar forma a la organización de su escolta personal, destinando como cuartel el antiguo asiento de los rurales en la avenida Colón. En dicho lugar, se acondicionaron sin omitir gastos caballerizas capaces de alojar seiscientos corceles, ya que Villa expresaba con frecuencia: “Cada pelao de estos, debe tener por lo menos dos caballos”. Jaurrieta, a quien le constaron todas estas cosas, no vaciló en pronunciar tan sólo tres palabras, pero expresivas, porque él también era jinete y conocía perfectamente la necesidad de poseer un caballo de acusadas características; de una cabalgadura dependió muchas veces la vida de unh hombre: “! Pero que caballos!” . Villa no sabia entonces la fama que podía adquirir y adquirió su famosa escolta personal, pero estaba decidido a que fuera un cuerpo verdaderamente notable, integrado por selecto personal que adunara características en la que la valentía era primordial, de probada lealtad, capaces de dejarse matar por su jefe y a quienes no arredraba ningún peligro. Por eso decidió de inmediato la instalación de una talabartería que permitiera en todo momento disponer de monturas y las famosas mítazas o polainas tan usuales en el norte de país, particularmente en Chihuahua. Decidió también uniformar a sus hombres y de esta manera todos usaban un sombrero texano de los más finos en aquel entonces, los de la marca “John B. Stetson XXXXX”; en cuanto al vestido, se componía de lana, color olivo claro, por cierto usada entonces por los oficiales del ejército americano. A la altura del segundo botón de la cazadora, llevaba una placa dorada con la inscripción siguiente: “Escolta del General Villa. Oficial de Ordenes”. El hecho de que aquella placa fuese como antes dice, dorada, dio nombre a los integrantes de la escolta, que así pasaron a la historia. Afirma el que fue secretario de Villa, que la placa servía de identificación a la hora de la contienda, cuando la escolta no cargaba en masa, para que los distintos jefes y sus respectivas unidades, que componían el grueso de la División del Norte, acataran las órdenes que por conducto de los integrantes de la citada escolta, todos ellos de la extrema confianza de Villa, transmitían las ordenes del cuartel general.

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BAUTIZO DE SANGRE

Se relata además y es conveniente citarlo, que la escolta fue armada con carabina máuser de 7 milímetros, claro, con abundante dotación de parque además, se dotó a cada miembro de la escolta de Los Dorados con una pistola marca Colt, calibre 44 y abundantes cartuchos. Pero es curioso saber dónde ocurrió la primera acción de armas y por consiguiente bautizo de sangre de la escolta personal de Villa. Fue en la batalla de Torreón, Coah., en abril de 1914, cuando rechazó formidable carga de caballería dirigida por el temerario general Peña del extinto ejercito federal que militaba a las órdenes del general José Refugio Velasco, defensor de la plaza lagunera. Esta acción de armas tuvo lugar a la salida del Cañón del Huarache en la planicie contigua a Ciudad Lerdo Dgo. De este choque el general Villa llegó a decir en rueda de compañeros y subalternos: “ De súbito vimos nuestro flanco derecho amenazado por una caballería que avanzaba a toda rienda. En esos momentos de prueba no disponía de más fuerzas de reserva que los muchachitos de mi escolta, a quienes ordené que se lanzaran al encuentro de Peña, cuya fuerza despedía relámpagos por el brillo de los sables. ¡Ay, señores!, pronto se convirtió aquello en un remolino de fuego inmenso, en donde no se oía más que el tronar de las 44 de mis muchachos y salir azorados para uno y otro lado, caballos ensillados sin pelaos. Yo me encontraba en el lecho de un furgón, presenciando el encuentro, con el ¡Jesús! En la boca, pero por fortuna la caballería federal se retiró y mi escolta levantó el campo: después supe la muerte de Peña”. Es evidente que la integración de la escolta de Los Dorados, que ya se dijo se hizo en extremo famosa, causó singular admiración en todas partes y el mismo Villa llegó a referir lo ocurrido en una entrevista con el Gral. Scott, jefe de Estado Mayor del ejército americano: “Ordené a mi escolta desfilara a rienda suelta frente a la aduana de Cd. Juárez, donde me encontraba con el jefe americano; cuando terminó el desfile, le pregunté a Scott: Mi general ¿ que le parece el cuerpecito?. Galantemente me respondió que: Como unidad de caballería, era mi escolta el primer poder de América”. El propio Villa después con un entusiasmo que nunca trató de ocultar, hizo esta referencia: En el Cañón del Pichague, en movimiento combinado amenazo mi retaguardia José Gonzalo Escobar al frente de un batallón y como todas mis fuerzas se encontraban pendientes de Pedro Fabela a quien teníamos encaramado en unas alturas, solamente destaqué cincuenta hombres de mi escolta para que Fabela no se diera cuenta del auxilio que llegaba en su ayuda y di principio a combatir a Escobar, a quien favorecían las alturas de que estaba posesionado y la superioridad numérica. Para no alargarles el cuento, lo perseguí hasta la estación del ferrocarril Parral-Durango, llamada San José de Gracia, y no me alargo en asegurarles que en aquella escaramuza sin importancia le maté, más de la mitad de su batallón, regresando Escobar a Parral con los restos de su gente, gracias a que disponían de un trenecito de vía angosta”. Estas y otras hazañas llegó a contar personalmente el general Villa a sus subordinados de confianza, al calor de una fogata, bajo la noche estrellada y cuando soplaba inclemente el frío norteño, implacable e incisivo. Los Dorados, es la fracción de caballería mas famosa de la Revolución Mexicana; no puede disasociarse a Los Dorados del guerrillero de Durango. Conviene citar este incidente, por que procede directamente del guerrillero: “En Aguascalientes, a donde fui llamado por la famosa Convención me paseaba a caballo una mañana muy temprano por las calles, seguido de toda mi escolta. Al entrar a una calle empedrada, noté a regular distancia que la puerta de una casa se abría, saliendo un hombre uniformado. Era Obregón, que abandonando su hospedaje se restregaba los ojos, como quien se encuentra cansado de dormir. “Metí espuelas a mi caballo y seguido de mis hombres, rayamos los caballos a la orilla de la banqueta, a menos de medio metro de donde se encontraba Obregón, quien muerto de espanto busco refugio en la pared. “El tropel de mi caballería y nuestra actitud amenazante, hubiera sorprendido al más valiente, por eso en tono cariñoso lo saludé de esta manera: “ ¿ como le va, compañero? ¡Que tarde se levanta. Es malo hacerlo con el sol fuera, porque le pica la fiebre en mayo!”. Ordene a uno de mis hombres que le proporcionara caballo y lo invite a tomar el almuerzo en mi carro particular que se encontraba en la estación del ferrocarril. Comía el general Obregón y no salía de su asombro”.

EL CARIÑO A SU ESCOLTA

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Por ese tenor podrían desfilar, decimos, incontables sucedidos en que la escolta de Los Dorados desempeñó papel principal y jactanciosamente refería que en Querétaro había desarmado con la ayuda de su escolta a cuatro mil carrancistas mandados por el general Teodoro Elizondo y comentaba sonriendo que daba miedo recoger tantos rifles, “pero ya estábamos metidos”. Para dar una idea del cariño que Villa tenía hacia su escolta, se antoja oportuno citar el hecho de que uno de sus generales allegados, el sanguinario Rodolfo Fierro, hecho a prueba de lealtades, hubiera sido puesto ante un pelotón de fusilamiento. Pero es mejor conocer el dicho del guerrillero, según Jaurrieta: “En la batalla de León, la carga de caballería contra las trincheras carrancistas en la hacienda de los otates fue dada por mi escolta sin mi permiso y dirigida por el general Fierro. Cuando vi aquello ardí en cólera, pues me imaginé que se acababa mi escolta. Si no hubiera sido por el triunfo efímero que obtuvieron mis Dorados, yo hubiera ordenado el fusilamiento de Fierro por lo descabellado de su maniobra”. Villa era así; su gama de sentimientos lindaba a veces con la conducta de las fieras, pero en ocasiones descendía increíblemente al cariño paternal, de allí que con frecuencia se le oyera referirse a sus muchachitos. Su propensión al uso del diminutivo aparece también en sus expresiones ante el pueblo; sin dotes oratorias penetraba con demasiada facilidad en el sentimiento popular tan sólo con empezar así: “Hermanitos de raza”. Villa fue un demonio, pero en ocasiones se tornaba un niño enternecido por un acto determinado; nunca se ha dicho que aspirara a la santidad ni cosa parecida; fue violento, cruel como lo fueron casi todos en aquella era de violencia, cuando no había ni remotamente certeza de tener seguro amanecer con vida. Villa quiso a su escolta como lo demuestra el incidente con Rodolfo Fierro, que sin saberlo estuvo a unos cuantos pasos, valga decirlo así del fusilamiento, y todo por Los Dorados.

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2 Respuestas a “

  1. Alguien sabe si realmente el nombre de Los Dorados de Villa viene de la Brigada Cuauhtemoc del Gral. Trinidad Rodriguez o es solo parte de la leyenda de los Dorados.

    • Buenos dias Samuel:
      La información a la que se refiere esta publicada en el documento transcrito en este blog y el otro supuesto nombre es la versión que maneja el escritor Alberto Calzadíaz Barrera.
      Existen varias versiones acerca del nombre, la exesposa del Gral. Francisco Villa Doña Luz Corral manejaba que el nombre venía del color de una cinta que se ataban en el sombrero y que al pegarles el sol les daba ese tono.

      Gracias por su participación y vista.

      El administrador del blog.

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