VI CONGRESO NACIONAL

DE

HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA

NOVIEMBRE DE 1975

Don Abraham González, Patriarca y Estadista de la Revolución

Por: Pedro Gómez Ornelas

Transcripción: Carlos Mendez Villa

Archivo Histórico/ICHICULT

Hablemos, con emoción de chihuahuenses, de dos héroes nacionales, unidos por la Revolución, la historia y la inmortalidad.

De dos norteños esclarecidos: Francisco I Madero, de Parras, Coahuila y Abraham González, de Ciudad Guerrero, Chih. Los dos murieron sin claudicar, defendiendo digna y valerosamente, hasta el último aliento de la vida, ante la traición porfirista y huertista, las mejores causas de México. Entre los méritos sobresalientes de Madero figura el hecho de que, perteneciendo a familias acomodadas con inmenso valor le puso el cascabel al temible gato porfiriano reavivando en el pueblo el fuego de la dignidad y del civismo. Y el que es el primero en tiempo y por la magnitud de su obra, es primero en derecho.

Otros revolucionarios le superaron posteriormente; pero fue él con los precursores, quien movilizó al pueblo y les abrió el camino del porvenir.

Francisco I. Madero

Madero es el Apóstol que sacrifica la riqueza personal y de familia y la vida en aras de la Revolución, limpia generosamente, para dar a México un régimen democrático y de justicia social.

Madero puso sus diáfanas ideas liberales al servicio de la emancipación de México. Los científicos convirtieron la avanzada Filosofía Positiva de Augusto Comte., en pedestal y baluarte de sus nefastos intereses y privilegios de clase.

Don Abraham González es el revolucionario de verdad inmerso en el dolor inenarrable en el drama colosal de los campesinos, de los obreros y de la clase media del país.

Su actitud patriarcal, resuelta y serena, su palabra incendiaria y su acción telúrica, son las del organizador revolucionario insuperable.

Fue conocedor como nadie de los hombres del norte y sobre todo de los de Chihuahua y Durango. En consecuencia formó con mano maestra los mejores cuadros de la Revolución.

Un ejemplo contundente: sólo Don Abraham González fue capaz de conocer, estimar a la lucha revolucionaria a un humilde, ferozmente perseguido como Pancho Villa, que encabezando al pueblo, campesino, contribuyó decisivamente, con su genio militar, a la derrota del porfirismo y del huertismo, al impulso de la auténtica revolución popular y sus reformas sociales.

Y, en hazaña impar, que traspasa los limites de la historia y entra al campo de la epopeya homérica y de la leyenda universal, con un puñado de revolucionarios chihuahuenses, discípulos de Don Abraham González, y de Don Francisco I Madero.

Y los eternamente olvidados: los miles y miles de campesinos chihuahuenses, héroes anónimos de la Revolución, que ofrendaron su sangre y su vida por un México mejor. Mas los rasgos sobresalientes de Don Abraham no son únicamente los de organizador, sino, como lo demostró posteriormente, los de Estadista, que en su carácter de Gobernador, con profundo conocimiento de las demandas populares y visión del porvenir, principió, con mano férrea, a convertir en conquistas los postulados de la Revolución.

Recordemos brevemente algunos rasgos de Don Abraham González, Estadista de la Revolución.

Después de los tratados de Ciudad Juárez, que dieron a la Revolución una victoria de Transacción, muy relativa, Don Abraham fue nombrado, por la Legislatura Local, Gobernador Interino del Estado, en substitución del Coronel Miguel Ahumada. Don Abraham tomó posesión de su cargo el día 1°. De junio de 1911 e inició vigorosamente su administración, con una serie de medidas de beneficio ciudadano y popular, entre las que destacan:

La creación del arbitraje obligatorio para dirimir y resolver los conflictos entre el capital y el trabajo. El deseaba fervientemente el restablecimiento de la paz social; el incremento de la producción y la multiplicación de las fuentes de trabajo.

En consecuencia, procuraba evitar las huelgas y los abusos patronales. Las empresas industriales fueron prevenidas de que perderían sus concesiones si no aceptaban dicho arbitraje.

Suprimió las Jefaturas Políticas de los Distritos y estableció el Municipio Libre, previa la reforma constitucional correspondiente.

Creó varios Municipios y Secciones Municipales, a fin de darles autoridad y autonomía, para que se defendieran de la hegemonía feudal de las compañías extranjeras que operaban en sus territorios.

Reprimió los juegos de azar en Nombre de Dios, Chih., Cd. Juárez, Chih., y en todo el territorio del Estado. Suspendió los denuncios de terrenos municipales para cederlos a elementos del “proletariado”. Aumentó los sueldos de los funcionarios de los Tres Poderes Locales para que pudieran vivir con decoro.

Naturalmente que los sectores afectados con esta política de beneficio popular lo atacaron en forma implacable y malvada.

Máxime cuando también estableció un impuesto predial equitativo y proporcionado a las grandes propiedades rústicas, que pagaban cuotas insignificantes.

Después fue electo Gobernador para el cuatrienio constitucional de 1911 a 1915, otorgó la protesta de ley el 4 de octubre del primer año antes citado, y el 31 del mismo mes hubo de solicitar licencia ante la invitación personal que le hizo el Presidente, Don Francisco I. Madero, para su toma de posesión como titular del Ejecutivo de la Unión.

Madero apreciaba en todo su valor a Don Abraham y le tenía plena confianza, por lo tanto no se limitó a invitarlo a la toma de posesión, sino que lo nombró Secretario de Gobernación, alto puesto del que se hizo cargo, no sin resistencia de su parte, el día seis de noviembre siguiente.

Sus enemigos aprovecharon su ausencia para organizar y llevar al cabo rebeliones en varias partes de la Entidad. Don Abraham hubo de regresar al Estado y entró en funciones como Gobernador el 13 de febrero de 1912, dando por terminada la licencia solicitada.

Asimismo renunció a la Secretaria de Gobernación, lo que le fue aceptado con sincera pena de parte del Presidente Madero y de algunos miembros de su Gabinete. Desde luego organizó la represión de los movimientos rebeldes. Luego se aplicó, ejemplarmente, a resolver el problema agrario y el educativo, así como a procurar auxilio y justicia para las viudas y demás familiares de los caídos en la Revolución.

Su iniciativa fue enviada a la Legislatura , que le dio la categoría de Decreto y autorizaba al Ejecutivo para que, con la garantía subsidiaria de la federación, contratara un empréstito de seis millones de pesos, cuyo destino sería el siguiente: dos millones de pesos para la compra y expropiación de terrenos, dos millones y medio de pesos para pequeñas obras de irrigación, un millón para la fundación de un Banco Agrícola y medio millón para la adquisición de edificios y la construcción de muebles útiles para las escuelas primarias.

Vino después la rebelión orozquista promovida por los sectores locales afectados, máxime que Don Abraham estableció también garantías a favor de los trabajadores víctimas en accidentes de trabajo.

Otros episodios se sucedieron en la vida de Chihuahua. Don Abraham, ante la rebelión creciente, hubo de ocultarse para sobrevivir, en consecuencia, la Diputación Local, tomando en cuenta la ausencia, lo substituyó. Esto fue el 6 de marzo de 1912.

Después de un lapso de tres meses en que permaneció oculto, logró fugarse burlando la vigilancia enemiga, a Camargo y se incorporó a las fuerzas de Gobierno. Reanudó realmente sus funciones el 7 de julio de 1912.

Desempeñó el Poder Ejecutivo hasta el 22 de febrero de 1913, fecha en que fue aprehendido en el Palacio de Gobierno por órdenes de Victoriano Huerta, al consumarse el Cuartelazo de la Ciudadela.

Fue aprisionado en el Palacio Federal, donde lo obligaron al renunciar.

El 7 de marzo de 1913, a temprana hora, los esbirros huertistas, con órdenes verbales implacables de Huerta para victimarlo, lo asesinaron cobardemente en Bachimba, donde lo arrojaron atado de los brazos sobre las piedras del terraplén de la vía, para acribillarlo enseguida. Supuestamente lo llevaban en aquel tren a la Cd. de México.

La infamia huertista creyendo liquidar a sangre y fuego a sus enemigos, abrió a Don Francisco I. Madero, a Don Abraham González y a muchos otros revolucionarios ilustres, el camino de la gloria y la inmortalidad.

Chihuahua, Chih., a 7 de Octubre de 1975

Prof. Pedro Gómez Ornelas

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