Educación en Chihuahua…

Colegio Palmore

CHIHUAHUA

 Su labor educacional

Transcripción: Carlos Méndez Villa

Archivo Histórico/ICHICULT

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 CUANDO en la Nueva España fundaron los misioneros la primera escuela, enarbolando la bandera de la civilización europea, mostráronse los indígenas reacios al progreso, y pocos, bien pocos fueron, aquellos de sus hijos que concurrieron a las aulas. Mas como no tan fácilmente había de frustrarse el intento de propagar la luz del saber, por parte de los educacionistas, apelaron estos a la autoridad civil, y lograron que se expidiese un decreto compeliendo a todo padre de familia a enviar a sus hijos a la escuela. Recurrieron entonces a la astucia los señores de indiana estirpe, mandando inscribir con su propio nombre a los hijos de sus siervos, en tanto que los nobles vástagos permanecían ocultos a la mirada de los mentores españoles.

Y corría el tiempo; la prole servil liberando en la escuela sus facultades enervadas por la ignorancia, y los herederos de ricos señoríos preparándose para la guerra y el trabajo, a la usanza de antiguas y bélicas razas. Hasta  que un día el ojo avizor de alguno de los rebeldes descubrió mayor despejo y mas rico acopio de conocimientos en su siervo que en su hijo; participo a otro el resultado de sus observaciones; se posesionaron todos de aquella verdad desconsoladora, y todos llegaron al convencimiento de que hasta entonces ellos, y no los españoles, habían sido engañados. Volvieron sobre sus pasos, y se empeñaron de tal modo por que sus hijos recobraban lo perdido y atesoras en el mayor caudal posible de las nuevas verdades enseñadas, que tiempo y local faltaron á los educadores para atender á las solicitudes con que jefes de familia á diario les asediaban.

No del todo distinta ha sido la experiencia de los planteles evangélicos en México. Primero, la matricula exigua, el prejuicio y la desconfianza; después, el concurso de los desheredos de la fortuna y el patrocinio condicional de los más atrevidos; y en los últimos años en que los opimos frutos de la educación cristiana han patentizado su bondad, el respeto y simpatía de todas las clases sociales, y sus aulas pletóricas de educandos, demandando en multitud de casos un aumento continuo de capacidad, a fin de recibir al creciente número de educandos que tocan a sus puertas.

Puntos históricos.–El Colegio Palmore inicio su labor educacional hace menos de dos décadas, en una humilde casuca de madera, con dos maestros, una inscripción anual de dieciséis alumnos, nada de ingresos por cuota de enseñanza, y todo el coeficiente imaginable de animadversión y prejuicios contra la naciente institución. Actualmente consta su planta escolar de 22 salones de clase, 1 salón de actos con capacidad para 800 personas, 1 hospital, 3 comedores, 8 dormitorios, 9 piezas para profesores y 2 cuartos destinados a faenas domésticas; su cuerpo docente esta integrado por 17 profesores; su matricula anual ha alcanzado la cifra de 751 educandos; montaron sus ingresos del ultimo año, por colegiatura, a $34,936.67; y su registro escolar y sus donativos que ha recibido dan elocuentes testimonios de la alta estima en que se le tiene por parte de miembros caracterizados de las diversas clases de nuestra sociedad, desde el Ejecutivo del Estado hasta el simple ciudadano.

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La fundación de este plantel data de 1890. Su nombre se debe al señor Dr. W. B. Palmore, quien cedió el local que ocupa. Labora bajo los auspicios de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur. Fue su primera directora la señorita A.V. Wilson, quien guió los destinos de la escuela durante los primeros cuatro años de su existencia, años de prueba y de lucha, correspondiendo á la Directora actual, señorita L. Wilson, la satisfacción de haber encarrilado al establecimiento por la vía de la prosperidad que felizmente ha recorrido. A sus gestiones, hábilmente secundadas por la señoría Lucy Harper, han obedecido el aumento al curso de estudios de los correspondientes a la Instrucción Primaria Superior, la mayor extensión de la enseñanza en inglés, la fundación del Curso Comercial, el establecimiento de las clases de labores manuales, la conversión, en fin, de una escuela modestísima en un centro educacional de primer orden.

Programa escolar.- En la enseñanza primaria se sigue el programa prescrito por la ley de Instrucción Publica del Estado. Los exámenes de fin de curso se efectúan ante la presencia de sinodales designados por el Gobierno, y los diplomas que el plantel expide llevan la firma y autorización del Ejecutivo.

Los estudios en inglés se desarrollan en diez años, bajo un programa semejante al que han adoptado las escuelas “Word” “Grammar” y “High School”, en los Estados Unidos. Sirven las clases profesores venidos de la vecina República, y cuya consagración y eficacia se palpan en la labor de multitud de jóvenes que prestan sus servicios en oficinas donde la mayor parte de la correspondencia se lleva en idioma inglés.

El Curso Comercial comprende dos años de enseñanza, en los que se cursan Taquigrafía, Mecanografía, Teneduría de Libros, Correspondencia Mercantil, Español y Aritmética Comercial. Los ejercicios que en este departamento ejecuta el estudiante son prácticos y demostrativos de los principios fundamentales de la materia que se estudia. Al aprendizaje de la teoría procede la demostración objetiva, y el por qué de cada operación es el motivo principal de interrogatorios de clase. La asistencia

Actual en este departamento asciende á setenta y un alumnos.

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Pero si el programa educacional es el mismo que se desarrolla en las escuelas laicas, si idénticos son los procedimientos de enseñanza, ¿en donde estriba la necesidad de fundar planteles evangélicos?

¿Que ideal persiguen que no se halle  comprendido en la finalidad de aquellas enseñanzas? Uno, y de tal importancia, que en si bastaría para que la escuela cristiana mereciese bien de cuantos jefes de familia tengan hijos que educar. El principal punto objetivo de nuestra labor escolar es la formación del carácter. No pretendemos contar con maestros superiores, (aunque tampoco los declaremos inferiores), pero si con un medio ambiente más propicio para la realización del fin indicado. En otras escuelas puede oficiar como profesor algún descreído, poco ó nada escrupuloso en cuestiones de moral; en la nuestras la moralidad es un requisito indispensable para el ejercicio del magisterio, y en cada labor efectuada se refleja una conciencia sana. En otras escuelas se disciplinan las facultades mentales y  físicas, descuidando casi por completo las potencias del alma; en la escuela evangélica el alma de la educación es la educación del alma. Y como antes que la ciencia y la destreza es el carácter, aquellos planteles que a cultivarlos tienden son necesariamente los que cumplen con el mas alto fin de la verdadera educación.

Disciplina.- En la escuela, como en la vida de los pueblos, ha demostrado la experiencia que el mejor gobierno es aquel que se basa en el consentimiento de los gobernados. Y como que el Colegio ha procurado no hacer esperar reforma alguna que tienda al bienestar de sus educandos, hace ya siete años que en el internado de varones se implantó el régimen de gobierno conocido con el nombre,  de República Escolar, quedando á cargo bajo al vigilancia de las jóvenes, el ornato de los jardines del plantel, el orden y el aseo de los patios, la higiene en los dormitorios, y demás departamentos, y la disciplina general del cuerpo estudiantil. A veces han surgido dificultades en la marcha de la institución, pero bajo la dirección y auxiliados por el consejo de sus superiores, los alumnos han sabido portarse siempre con energía y dignidad.

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Gracias a este sistema de gobierno se ha logrado la corrección de algunas faltas, que por cometerse fuera del salón de clase, burlan la vigilancia del profesor; se ha cultivado el espíritu de independencia, tan esencial para la formación de hombres superiores; y se ha robustecido notablemente el carácter de los educandos.

Sociedades Literarias.- Toda labor en la escuela ha de efectuarse  y con espontaneidad y cariño, así lo recomiendan los profesores; mas los que se presentan en las sesiones sabatinas de cada agrupación literaria se han singularizado siempre por un entusiasmo particular y por su especial empeño. Ahí emite el joven opiniones propias y las sostiene en debate; lee la prensa periódica y siente las pulsaciones de la vida nacional; se inicia en los procedimientos parlamentarios y hace sus primeras armas en el campo de la literatura; razona, deduce y expresa ideas propias y el resultado de propias investigaciones. El colegio cuenta con tres sociedades debidamente organizadas, siendo la más antigua y la que posee mayor numero de miembros aquella que en su estandarte ostenta el nombre del Maestro Altamirano.

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Frutos y testimonios,- En los años que el colegio lleva de fecundar cerebros y encender vocaciones, de sembrar la verdad y cultivar el carácter, han pasado por sus aulas mas de tres mil jóvenes; ha expedido 304 diplomas de instrucción Primaria Elemental y Superior, 21 del Departamento de Inglés, y 93 que acreditan haber cursado la enseñanza comercial; ha recogido centenares de niños desheredados de riquezas materiales y capacitándolos para las luchas de la vida, cabiéndole la satisfacción de haber establecido como veinticinco hogares de donde emana bien para la sociedad y donde honradamente se gana el pan cuotidiano; ha colaborado con el Gobierno en la preparación de ciudadanos rectos y laboriosos; se ha identificado con cuanto movimiento de reforma moral ha surgido en Chihuahua, y para obras de cultura y de beneficencia jamás ha negado su contingente intelectual ó pecuniario.

Al acaso, de entre los muchos testimonios que guarda el colegio, de respeto y simpatía, extractamos los siguientes:

Del C. Gobernador don Enrique C. Creel, en autógrafo fechado el 30 de Octubre de 1909:

“El Colegio Palmore ha prestado buenos servicios á la sociedad de Chihuahua en los ramos de educación primaria y comercial.

“Sus Profesores se han distinguido por su ilustración, su perseverancia y sus prendas morales, y los alumnos, además de su aprovechamiento, son disciplinados y correctos en sus relaciones con la sociedad”.

Del señor profesor D. Albino Míreles, Director del Colegio de la Divina Providencia y decano del profesorado chihuahuense, escrito espontáneamente al calce de un cuestionario, cuando presenciaba como sinodal un reconocimiento de fin de curso, en el Departamento Mercantil:

“Se puede hacer cualquier sacrificio, por grande que sea, sólo por tener la satisfacción de presenciar los maravillosos adelantos de la escuela”.

De José María Gutiérrez A, ex-alumno palmorense y secretario particular de un alto empleado ferrocarrilero:

“Los conocimientos que tuve la dicha de adquirir en el Colegio Palmore me han iniciado en una labor digna y honrada; los saludables ejemplos de carácter y de Fé que ahí encontré, me han servido de inspiración en la vida.”

No por íntima satisfacción que al Colegio en Particular reportan estos testimonios nos complacemos en publicarlos, sino porque ellos evidencian el favorable concepto que en Chihuahua se ha conquistado la educación evangélica.

 

SERVANDO I. ESQUIVEL.

REVISTA CHIHUAHUENSE

FEBRERO 15 DE 1910

TOMO II

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