Matices de Mujer en la Historia

Por: Carmen Muñoz S. /Analista Documental

Instruir a la  mujer ese elevar al hombre

En el concierto inmenso de la naturaleza, el hombre tiene  una misión que llenar; renovarse continuamente, perfeccionarse  sin cesar, y la mujer, en esta obra, ejerce un importantísimo  papel; el de su influencia. El hombre ha dicho Smiles, es la cabeza de la humanidad, pero la mujer es el corazón.; él es criterio, ella es el sentimiento; él es la fuerza, ella es la gracia, el adorno, el consuelo .Ella nos hace amar aquello en lo que él solo puede hacernos creer y es ella es particularmente, la que nos hace capaces de llegar a la virtud.

El viejo aforismo de que “lo que la mujer quiere, Dios quiere”, no significa otra cosa si no la decisiva influencia que ella ejerce sobre los destinos del hombre, y de la humanidad. Acaso San Agustín, convencido de eso, formuló así esta preciosa sutileza:”Si Dios hubiera querido dar al hombre la mujer que amo, la habría sacado de sus pies; pero queriendo hacer de ella la compañera, y su igual, la formó de sus costillas”.

El centro donde la mujer labora de preferencia es el hogar. Y el hogar asienta un proverbio inglés, hace al hombre. En el hogar se forman las costumbres, se despiertan los ojos y la razón  a la primera luz y balbuceamos las primeras nociones del bien y del mal.

La historia reconoce la influencia de Cornelia en la educación de los Gracos, la de Santa Mónica en San Agustín, la de Jorge Sand en la de Solange.

José de Maestre, ha escrito lo que sigue. “Las mujeres no han producido obras maestras; no han escrito La Iliada  ni de Jerusalem libertada, ni Hamlet, ni Freda, ni el Paraíso Perdido, ni el Tartufo; no han edificado la Basílica de San Pedro; pero han hecho cosas más grandes y más bellos que todo eso, por que sobre sus rodillas ha criado a seres rectos y virtuosos, hombres y mujeres, y esas son las bellas producciones  de la tierra.

 La mujer cualquiera que sea su situación familiar, esposa, madres, hermana o  hija, es la obligada colaboradora del hombre.

Si queremos esa colaboración alcance el punto de eficacia más intensa, si queremos que rinda frutos mejor apetecibles, no resta otro cuidado que modelarla en el grado de la perfección máxima posible por medio de la instrucción.

                              Instruir a la mujer es eleva al hombre.

Fuente:

ICHICULT/Área de Archivos y Colecciones Especiales/El Correo del Norte 1º- de marzo de 1919/

 

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