LA ADUANA EN PALOMAS

Por: Ramón Ramírez Tafoya

Colaborador/Cronista de Ascensión

Cuando se fundó la Colonia de La Ascensión, a solicitud de los colonos, y a efecto de contener el contrabando y proteger el pequeño comercio, el C. Presidente de la República, Don Sebastián Lerdo de Tejada, autoriza al Administrador interino de la Aduana fronteriza de Janos, que se establezca un Puesto de Vigilancia en el sitio seleccionado por los nuevos vecinos, ubicándose éste, a la salida sureste del poblado donde se bifurcaban los caminos a Sabinal y Casas Grandes, quedando al frente el Celador del Resguardo Aduanal Mariano Vargas.

Para finales del siglo antepasado, hay en El Espía, un Puesto de Vigilancia Aduanera, cuyos guardias, el Mayor Camerino Díaz y Andrés Quezada, miembros del viejo ejército federal hacían la vigilancia hasta Los Orientales, hoy Manuel Benavides, Chihuahua, según lo documenta en su libro “El Verdadero Pancho Villa”, el Historiador Ángel Rivas López.

Ambos empleados abrazaron la doctrina magonista, aunque Quezada se hace ferviente admirador de Villa y los dos en mas de una ocasión, simularon perseguirlo, pero en realidad lo protegieron, como lo harían varios de los encargados de las compañías ganaderas, entre ellos el Sr. Daniel Stephenson, norteamericano que se arraigó en Ascensión.

La Sección Aduanera ya está en el viejo Palomas por el año de 1892, cambiándose a donde está actualmente en 1917 y las gestiones para ser ascendida a Aduana empiezan en Ascensión, el 2 de mayo de 1925, siendo Presidente Municipal don Manuel Fernández Borunda, a instancias del Presidente Seccional Guadalupe Acosta.

En 1908 está al frente de la Sección Aduanera de Palomas el Sr. Miguel Loya, don Jesús Guzmán, don Blas Lucero y don Francisco Correa como celadores. Los dos primeros radicarían en Ascensión una vez pasada la Revolución. El Sr. Loya residiría en Colonia Díaz donde en 1938 organiza un grupo de agricultores del Valle de Juárez y forman una colonia agrícola, cultivando el algodón por primera vez con fines comerciales. Entre estos se encontraba Don Rómulo Escobar, fundador de la Escuela de Agricultura en Ciudad Juárez y Don Enrique Aguirre, primer industrial de Ascensión, entre otros.

Don Jesús Guzmán, originario de Ciudad Camargo, Chihuahua también residiría en La Ascensión en la calle Puebla número 382, donde aún se conserva su casa. En ésta población aún hay descendientes, tanto del señor Guzmán como del Señor Loya. Don Blas Lucero, llega con los colonos de La Mesilla, emparentaría con la familia de la dinastía Terrazas, cuando su hijo Pablo Lucero Ríos, también empleado aduanero, se casaría con la Señorita Leonor Terrazas Rascón, quienes residían en Boca Grande y fueron padres de los sacerdotes Lorenzo y Leonardo Lucero Terrazas, muy conocidos en la región por ser Lorenzo el primer párroco que tuvo Ascensión, Palomas y Janos.

En algunas épocas la Aduana estuvo a cargo del Ejército, como lo mencionamos en la época del Espía, que los guardias eran miembros del ejército porfirista. Así podemos encontrar que en Palomas entre 1920 y 1921, a veces se le da el nombre de Gendarmería a la Sección Aduanera y podemos citar al Cabo Ernesto E. Reyes, Cabo Benigno Murguía, sin desconocer, desde luego, que esta categoría se da en el escalafón aduanero, pero se tiene como antecedente que el Ejército, como ya dijimos, algunas veces se hizo cargo de la vigilancia aduanera.

A principios de los años sesentas llega como administrador de la Aduana el señor Rodrigo Quevedo, hijo del Revolucionario y es quién durante su mandato crea algunas nuevas plazas de celadores como sucesiones de los extintos celadores. Rogelio Mireles Domínguez, ocupa la plaza de Manuel Mireles; Eduardo Ataide Armendáriz, la de don Juan Ataide; Francisco Sánchez, nuestro amigo Quico, se desempeñaría como empleado aduanal en otra frontera y Benito Miranda Quintana, por ser sobrino del General Miranda, contemporáneo del General Quevedo Moreno, adquiere la plaza de celador..

MOVIMIENTOS ARMADOS EN PALOMAS

Volvamos al Viejo Palomas. El 7 de enero de 1904, el rebelde Víctor L. Ochoa, en compañía de otros liberales asaltan el poblado, y en 1908 es sitio importante para Enrique Flores Magón, Práxedes G. Guerrero y otros liberales cuando proclaman TIERRA Y LIBERTAD, mucho antes que Zapata en el sur. Palomas Viejo tiene el honor de guardar en su seno los restos del primer mártir de la Revolución en el noroeste chihuahuense: Francisco Manrique. Este joven revolucionario nacido en un pueblo del estado de Guanajuato, condiscípulo de Práxedes G. Guerrero, deja su puesto como empleado de la Secretaría de Hacienda para unirse a los valientes liberales.

Unos por Viezca en Coahuila, otros en Las Vacas del mismo estado y aquí el grupo de los once que valerosamente atacan la Aduana donde el ejército reclutó a los vecinos de aquel apacible poblado para combatir a los liberales. Práxedes G. Guerrero lo describió así poco tiempo después de su muerte: “Francisco Manrique, el primero en todos los peligros, se adelantó hasta la puerta del cuartel, batiéndose a pecho descubierto y a dos pasos de las traidoras aspilleras, que escupían plomo y acero, cayó mortalmente herido”,- sigue diciendo- “murió mintiendo (mentira sublime), envuelto en el anonimato de un nombre convencional -Otilio Madrid – para salvar a la Revolución y a sus compañeros”. Lo anterior está consignado en la biografía escrita por el ilustre Ricardo Flores Magón-

El Profesor Ramírez Caloca, nos dice que de Ascensión fueron a reforzar a los Guardias Fiscales, cuyo jefe era el Señor Jesús Rubio. Francisco Correa, Miguel Loya, Jesús Guzmán y Blas Lucero son mencionados como defensores de la Sección Aduanal de Palomas. Esto se entiende ya que se trata de la época porfirista cuando don Juan Hidalgo es Presidente Municipal en Ascensión, Francisco Miranda, también empleado del municipio y Victoriano Cano Jefe de las Guardias Rurales, pero todos abrazaron la doctrina magonista.

Palomas fue blanco de ataques de diversos grupos rebeldes, no tanto por la importancia política, es decir, pues respetando siempre las familias, la intención de los ataques era para hacer notar la inconformidad por la presencia de norteamericanos en la región y la notoria protección militar.

Una de las últimas batallas fue la que dirigió el General Correa, en la que salió herido el General Quevedo, a quien un joven del poblado lo salvó llevándolo a caballo a esconderlo en un rancho cercano, mientras los demás rebeldes huían rumbo a Guzmán donde le dieron muerte al General Victoriano Cano.

Algunos años mas tarde en 1935, cuando el General Rodrigo M. Quevedo, gobernó el estado de Chihuahua, mandó llevar la señor Alberto Armendáriz para recompensarle con algo un favor recibido veintitrés años atrás y Don Alberto, sólo pidió que se exonerara del servicio militar a su hijo Rito, nos cuenta Don José Armendáriz Domínguez. Esa persona era, quien cuando joven, le había salvado la vida al General Quevedo.

El aparente sigilo con el que Francisco Villa hizo su viaje desde San Jerónimo cuando atacó Columbus, fue roto. El secreto corrió de boca en boca. Villa venía en busca de los hermanos Ravel y todos lo sabían. Su gente ya había dado muerte a dos norteamericanos en la hacienda de Boca Grande. Este hecho no podía estar oculto. Los vientos de marzo trajeron la noticia, pero nadie lo delató.

Al oscurecer, mas de una docena de jóvenes se arrimaron lo mas cerca que pudieron para ver el ataque. Sabían que Villa estaba en el cerro que por muchos años se llamó el Cerro de Villa. Los jóvenes se retirar una hora después de que Villa y su gente se retiran del lugar. Amanecía cuando el pueblo de Columbus empezó a arder.

Protegida siempre, con guardias de la Policía Rural del Estado, o con partidas del Ejercito Mexicano, Palomas fue siempre custodiado para proteger los intereses de la compañía, más que de los propios ciudadanos. Ese fue el motivo por el cual constantemente fue atacada por grupos de rebeldes.

Más de una veintena de casas habitan los trabajadores de la Compañía y otros que por su cuenta han podido criar unas cabezas de ganado, pues los norteamericanos no permiten el pasteo en sus terrenos y constantemente se suscitan problemas.

A partir de 1916, poco tiempo después de la masiva deserción de los miembros del ejército de Francisco Villa, cuando en noviembre del año anterior van rumbo a Agua Prieta, Sonora a los pueblos empiezan a llegar cientos de ellos que por el camino van desertando, ya cansados y derrotados. Los jefes de Brigada ni siquiera se percatan o si lo hacen lo ven con disimulo. A La Ascensión, principalmente a la abandonada Colonia Díaz llegan decenas de hombres harapientos y de ese lugar se asientan en los ranchos ganaderos, otros toman rumbo a los Estados Unidos, a Ciudad Juárez y a Palomas.

Después, atraídos por los ricos pastizales, llegan los Armendáriz de La Varita, hoy región de Delicias; los Acuña de Corralitos y unos nacidos en Jalisco, aunque originalmente de paso se asentaron en la abandonada Colonia Díaz. Los Carreón de La Ascensión donde tenían propiedades. Don Cruz Terrazas, ganadero nómada, que sin tener terreno se dedica a la crianza de ganado, protegido siempre por los Urrutia, dueños de grandes extensiones de terrenos.

Palomas le resultó atractivo para la crianza de ganado, aunque solo se les permitía tener de cincuenta a cien cabezas, según testimonio de Don José María García, que había llegado del Valle de Juárez. Muchas familias mas llegaron atraídos por el trabajo que no faltaba en la Compañía ganadera, que fama tenía de pagar los mejores salarios de toda la región y dar buen trato a sus empleados.

La vida en el poblado de Palomas, no fue tan cotidiana como pudo haber sido otro centro de población con tan poca cantidad de habitantes. Muy pronto se tuvieron que acostumbrar a la continua intervención de militares. Se había establecido la Agencia de Correos a cargo de don Leoncio Armendáriz, que llevaba la correspondencia a Columbus y mientras no hubo Oficina Telegráfica, el Cónsul o Vice Cónsul hacía este servicio.

La Colecturía de Rentas queda a cargo desde 1919 de Don Benito Martínez Miller y que fue ascendida a Sub. Recaudación el 21 de junio de 1921. El Sr. Martínez Miller, hombre letrado, que a la vez era escribano, ocupó un cargo en la primera Junta Censal el 10 de agosto de ese año, donde es asistido por los vocales Loreto Herrera y Concepción Tovar, como Presidente de la misma es nombrado el señor Benigno L. Ramírez. Concepción Tovar se hace cargo del censo de La Puerta. Ese primer censo arrojó la cantidad de 300 habitantes en este último lugar.

El primer nombramiento para Comisario fue expedido a Don Concepción Tovar, el día 4 de enero de 1919, siendo Presidente en La Ascensión el Sr. Benigno L. Ramírez. Dos años después Don Manuel Fernández Borunda, expide el segundo nombramiento a Don Juan Nevárez. Don Benigno Ramírez Lucero, sería comisario y Juez del Registro Civil a partir del 3 de julio del siguiente año, y a quien le toca cambiar los poderes a La Puerta el 18 de julio de 1922.

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Una respuesta a “

  1. Izkra Castillo Lucero

    Muy interesante. disfrute mucho de saber que mi abuelo Don Pablo Lucero Rios con su esposa e hijos son parte de la historia de nuestro estado.

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