Matices de mujer en la historia

    Por: Carmen Muñoz

                                                   Analista Documental/Archivo Histórico/ICHICULT

¿Debe una mujer reunirse a un hombre por interés?

El amor: “agradable perfume de dos almas, condenado en la esencia de un beso; encantadora armonía de dos corazones :música  sublime de las esferas escritas en notas senibles, inspiración y poesía, sabroso néctar en fin, con que Citeres, la dulcísima Diosa, diviniza a los mortales.

El amor no conoce clases, no es el cauje de títulos y de intereses, sin una pasión  que mistifica a las almas que lo sienten.

La mujer que haya sentido el verdadero amor, por ningún concepto debe casarse por interés.

Cuando dos seres que se quieren llegan a realizar sus más bellas esperanzas y forman el hogar soñado, después de algún tiempo de casados, cuando la luna de miel a pasado y el pleno convencimiento de su mutuo cariño adormece a esa pasión, el hombre aparenta frialdad e indeferencia y la pobre mujer porque se cree engañada.

El esposo vuelve a su vida de placeres desatendiendo sus sagradas obligaciones y en busca de aventuras que solo envenena su espíritu, se aparta temporalmente del hogar.

 Pasa el tiempo, la mujer sufre y el esposo, cansado de placer mundano, reconcentra de nuevo su cariño a la tierna y amante esposa. Si ésta fue bella, el sufrimiento la habrá envejecido y quedan solo huellas de una hermosura que se ha ido. Por eso el hombre a la que debe escoger por esposa, no debe ser únicamente hermosa, sino que lleve por enseña la virtud, el talento y la instrucción. Estas cualidades, a pesar de todos los sufrimientos, perduran toda la vida.

 En un matrimonio por amor, la mujer resignada espera, calla sus más hondas penas, con la seguridad de que volverá a ser feliz. Pero no  mancha nunca el hombre que lleva a su esposo.

El hombre que se casa por interés es un ser despreciable: supuesto que ama el oro, poco le importa el amor del alma. Abandona desde un principio su hogar y busca fuera de él, lo que no  ha podido proporcionarle oro.

El no sufrirá, por que el hombre que se vende, no es capaz de tener sufrimientos, ni de haber  experimentado nunca lo que es el amor.

Pero la mujer en pos de una riqueza, sacrifica su dignidad y sus aspiraciones todas… al día siguiente de su vida encontrará congelado el nido y llorará sin remedio, el destino que por su propio gusto se ha proporcionado.

No será feliz nunca. Si aquella  mujer ha amado, recordará que el amor solo puede hacernos capaces de llegar al sacrificio y que el matrimonio está lleno de espinas, que solo soportan cuando se ama.

Las lágrimas serán sus eternas compañeras y de desesperación el aguijón más grande que lleva su conciencia.

¿De que servirá el lujo, las joyas,  y tanta banalidad, si para ella muerto todas las ilusiones?

En este caso, necesita la mujer, para no mancillar su honra, o no saber lo que es amor o estar alejada de todo ser humano.

Por tanto, queridas lectoras, no hay que ilusionarse con un matrimonio  ventajoso, si este no tiene como base el amor y la estimación mutua.

De nada servirá aparentar ante la sociedad una felicidad que no existe.

Debemos  buscar nuestra dicha para  nuestra propia  satisfacción y no para que los demás piensen que gozamos.

                                                           DEYNAIRA.

Fuente: ICHICULT/Área de Archivos y Colecciones Especiales/La Patria/Colección Silvestre Terrazas/Rollo 14/23de abril de 1920

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